En vertiginoso ascenso.
Rápido, como es su luz.
Despierta el horizonte nuestras mentes.
Lo miran, como a un extrañamiento.
De vuelta del mundo de los sueños.
Compuestos de lo raro y de lo absurdo.
Comienza, sigilosa la mañana.
En los puntos que los pies apoyan.
Seis grados de libertad, dicen.
Quién tuviera ejes cartesianos.
Sin necesidad de referentes.
Sólo quiero las miradas de aguas claras.
Y este manto majestuoso,
De finísimas partículas de oro blanco.
Es la protección y es el resguardo.
Vestida de espejos de amanecer,
Describo el camino del rocío,
En la rosa fragante de invierno.
Salpicada de millones de instantes,
Que a un tempo de sol se condensan.
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