Ignoro cómo he podido mantener durante todos estos años la esperanza. Hubo mucho dolor, que al principio se sentía como un descomunal grito ahogado. He mirado mil veces en tu portal, en busca de alguna señal en la que sostener mi vana esperanza. Pero nunca hubo nada allí para mí.
Construí en mi mente, las historias más inverosímiles para aferrarme a la idea de ti. Pero nada tampoco por allá.Las heridas van curtiéndose poco a poco a través de la nueva vida que vas inventando e improvisando. Mejor dicho, viviendo. Hasta que dejan de doler y de molestar. Ahora, cuando te encuentras con ellas sólo sientes el malestar del tiempo que pareces haber perdido.
Y de pronto un día oyes por ahí una sencilla frase que resuena en todo tu interior:
"Y llega el momento en que aquello que extrañas ya no existe."
La frase además de resonar en mi interior, es concluyente. Y pienso, hoy no existe nada de aquello que él fue. Ni tampoco nada de lo que yo fui. Somos personas nuevas, cada cual con su camino.


