En torno a los 24 grados.
¡Qué difícil es!.
Una vez más vuelvo a sentir esa mezcla entre melancolía y
nausea que me provoca pensar en cosas que no son mías ni me atañen.
Saber que a cada momento estás a la misma distancia del
cielo y del paraíso.
Cuando te sientes atrapado es irreal. Es sólo una
jaula ficticia que creas, que además está abierta y sin barrotes.
La metáfora del escultor.
Una vez más, Miguel Angel en Carrara
eligiendo sus bloques idóneos en los que regalar al mundo sus seres colosales.
En tanto en cuanto me vuelco y vacío en cosas que no me corresponden, me alejo de mi.
Tengo en la mente, ahí, reminiscentes, las palabras: lo haré por mi.
Supongo que hay un momento en que te vuelves eremita y deja de interesarte cada vez más lo que ocurre en el exterior porque contamina tu esencia.
Cada vez encuentro más sentido en fijarme en los niños y dejar de atender las cosas de los adultos. Me pasa justo al contrario que a mi hijo, que me es mucho más fácil entender a los niños. Con el resto me pierdo.
Hasta tal punto que el poco interés que me queda se va diluyendo en un mundo de manidos conceptos abstractos.
¿Acaso no es lo más fabuloso convertirse en la más hermosas de las posibles formas del ser?
Apreciar la belleza de la unicidad propia .
Quererla, crecerla, para hacer el bien, sobre todas las cosas.
Cuando algo irrita mucho, se siente doler y descentra, es sólo miedo.
Se cura con amor.
¿Acaso no es lo más fabuloso convertirse en la más hermosas de las posibles formas del ser?
Apreciar la belleza de la unicidad propia .
Quererla, crecerla, para hacer el bien, sobre todas las cosas.
Cuando algo irrita mucho, se siente doler y descentra, es sólo miedo.
Se cura con amor.
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