miércoles, 2 de noviembre de 2016

En paz me siento y me consiento

¡Qué bien se está en cualquier parte si por dentro hay paz!

Es lo que queda después de muchas batallas perdidas. Paz y cansancio. Cansancio del alma.
Sí: el alma también se cansa, aunque no eternamente.

Lo mejor de estar en paz es que si te mueres te lo llevas todo por delante. Y es una ventaja porque así no tienes que volver por nada.
En paz sientes unidad. Se unifica la percepción ilusoria de ser fragmentario.
Quizás sería más propio decir que "se es" en paz. Y no que "se está".

En paz estoy leyendo.
¡Qué bonito se lee a quien fluye dentro de las palabras!
Ese instante de dicha divina. Creamos y recreamos. Al escribir. Al leer. Sin objetivo. El desahogo de ser.
Mi alma se esponja y crece, que de crecer no se cansa.
Se expande con los instantes en los que es amor y belleza.
Quizás, éstos son sólo los aspectos de una única cosa. Se alcanzan con la verdad. Ese saber sin intermediario que es. Un fogonazo. Sin atender a razones. Atenta mente.

Estás tan presente en mi existencia, amor, que podría decirse (y escribirse, claro) que conformas el ADN de cada una de mis células.

Cuando no puedo tocarte, miro mis manos, sus huellas. Ahí, dentro te encuentro. En sus profundas crestas siento las olas del mar profundo que habita tu ser.


Entonces, sé, que puedo ser cualquier cosa, transformarme en cualquier elemento.
Siento emanar felicidad al evocar tus besos.

Sólo tengo una certeza en esta vida. En las huellas de mi mano se encuentran las de las tuyas. Son huellas que componen universos, que a cada momento se desvelan y descubren, con un toque de gracia de la punta de los dedos.



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