martes, 8 de junio de 2021

Era él

 Es que era él.

Su porte elegante.

Su cara bonita.

Sus ojos de mar.

Su alma indómita.

Fue  a destiempo, mucho después de haber desaprovechado la ocasión.

En el momento que entendí, que estaba enamorada de él hasta la caña de los huesos,  fue como si saltase por los aires el tapón que ocultaba y sujetaba mis verdaderos sentimientos. Fue como si esa veladura que ocultaba la verdad se rasgara para siempre; entonces, el amor salía y me bullía a borbotones, como nunca antes otro amor fue en mi.

Y al entender esta verdad, todo mi universo establecido se desvanecía, y yo buscando mi libertad, labraba sin pretenderlo el camino hacia la soledad.

Era a destiempo y, sin embargo por un instante pensé que había una posibilidad de reciprocidad. Como no podía ser de otra manera me equivoqué. 

El salió de mi vida para siempre, dejó de contactarme y de responder a mis misivas.

Y yo me quedé sin llaves a las puertas del instante.

Después, poco a poco se ha ido desanclando de mi mente y por eso estoy siempre con la sensación de que me falta algo. Y en el fondo es que me falta, me falta mi dulce amor que una vez se detuvo en mi mirada.


 





La alegría de vivir

 ¿Cómo cuenta en una vida ese tiempo que se quedó exento de recuerdos?

De alguna manera tiene mucho peso su vacío.

Tantos momentos irrepetibles, delante de una hermosa ventana abierta al mundo, sin ver ni descubrir nada, sin sentir nada, sin aportar nada, sin tener fuerzas ni ganas siquiera para erosionar la superficie del instante.

Atendiendo sólo a lo más inmediato: establecer un mínimo orden en el hogar, limpiar, comer, dormir, así un día tras otro de encefalograma plano donde nada trascendió.

Viva, sí, actuando en el gran teatro de la vida, en el que mi lugar se ha visto relegado a un insignificante personaje secundario.

No busco el aplauso, ni el protagonismo. Necesito poco para ser feliz, con una sincera sonrisa sonrisa dibujada en el rostro amado me conformo.

Lo que quiero decir, es que no me salen las cuentas de los días vividos. Hay etapas, de ellas una en concreto, una etapa oscura de la que no tengo recuerdos ni capacidad de evocación de la misma, quizás porque mi cuerpo y mi mente iban literalmente a rastras de mi conciencia.

Días que fueron como una larga espera de un acontecimiento que jamás iba a suceder.

Sin embargo, algo tiraba de mi para poder continuar y no desaparecer para siempre en  uno de los pliegues de la ropa de mi cama. Em estos día perdí la capacidad para sentir y hacer muchas cosas (consecuencia de una medicación muy dura), pero no así la capacidad de amor, de sentirlo hasta lo más hondo de mis entrañas.

No quiero más páginas en blanco, si me vuelvo a perder en la espesura, preferiría la muerte.

Quería, probablemente decir que lo he pasado muy mal en ese universo vivido sin recuerdos, sólo tengo de esos años la sensación de angustia vital y desesperación, por no poder dar el ciento por cien de lo que soy.

Tenía muy poquito y así, poquito a poquito fui recuperando la alegría de vivir,

martes, 25 de mayo de 2021

 Mi corazón se desangra en este presente lleno de sueños rotos.

Y me paraliza la angustia. 

Y sé que no puedo parar siquiera un instante, la rueda sigue girando y no me voy a bajar del carro.

Aunque tengo los cimientos del futuro, fruto de las cenizas del pasado, debo seguir construyendo lo nuevo para no asfixiarme con el tiempo.

Esa será mi redención, la configuración de un orden nuevo en mi vida.

Cada amanecer es una oportunidad para construirlo.

Ya el día está bien entrado. Vamos, pues a ello.





domingo, 23 de mayo de 2021

 La espera, la larga espera

Que nada resuelve y todo se lleva.

La incertidumbre, el vaso vacío, el tiempo lento.

La mente descontrolada vuela hacia  lugares que dan vértigo. 

El pensamiento que atrapa impaciente al destino.

Hacer, para no ahogarme en un mar de dudas.

Construir, siempre construir, para buscar un infinitésimo orden al caos.

Buscar los lenguajes donde poder expresar la cara buena de la realidad.

Respirar los segundos densos y con dificultad, como si de partículas tóxicas se tratasen.

Los minutos que son horas muertas.

Pienso que todo lo mejor sea contigo.

Ahora miro, y veo una página en blanco más llena de palabras.

Quisiera poder emitir el grito ahogado de mi angustia.

Y que esta se disipase en forma de sonido..


Llega mi niño y todo se calma.





 


martes, 4 de mayo de 2021

Con ella, somos uno.

 Después de toda esta espera, una pequeña espera adicional, esta vez para guardar turno para los abrazos.

Y de repente, por fin cara a cara, toda esa modorra y tristeza en su rostro, que se veían tras el cristal parecen haber desaparecido. 

Y respiro lento, para observar sin perderme un solo detalle, de sus gestos y expresiones, de su silencio acompañando nuestras palabras y ademanes de alegría.

Ha sido muy larga la espera de esperar sin apenas esperanza, sin esperar nada, sin saber. Eso lo sabes a posteriori, cuando ves los estragos del tiempo en su rostro y también en los nuestros.

Y ella nos va observando uno a uno, perpleja, sin entender que es lo que ha pasado, porqué antes no, pero ahora sí, estamos con ella.

Y buscamos en el porche exterior del edificio, un lugar para dar rienda suelta a nuestra intimidad, moviéndonos como si de un único cuerpo se tratase.

Y yo no sé porqué soy así, pero todavía no me lo creo, no entiendo que podamos estar con ella, tocarla, cogerle sus manos, los besos todavía nos da reparo darlos sin mascarilla (como si se pudiese dar un beso o algo similar con mascarilla), en esta situación surrealista y extraña a la que nos somete la pandemia. Todo este tiempo de no poder estar juntos arrebatado a nuestra vida, ¿a dónde se fue a parar? Nada. A la nada más absoluta.

Y quisieras concentrar en un instante toda la intensidad vital y retener en la retina cada segundo, cada faceta de su rostro, de su cuerpo, como cuando se toma en brazos el hijo recién nacido, que quieres aprenderte amorosamente todo su ser de memoria. Su cara, su olor, las inflexiones del cuerpo...

Y te vas con una nota de alegría, hermosa y brillante, escondida en el pecho, rogando a dios y al universo que la protejan y guarden por mucho tiempo y dando gracias por este  regalo de la vida.






domingo, 2 de mayo de 2021

2 de mayo

 Recorro por enésima vez los lugares comunes en los que me siento protegida, a gusto. Pero hoy no siento consuelo en casi nada. A veces, la mente no quiere aceptar lo que el corazón sabe. 

Sentir esa mirada llena de ausencias y de tristeza, ver volatilizarse la fragilidad del momento en sus rasgos. No sé. Ella no está bien y yo tengo mucha preocupación y miedo. 

Estoy todo el día con la sensación de que me faltase algo. Y en verdad que sólo noto mi vacío en su mínima expresión, no quiero asomarme al borde del precipicio, pues es de vértigo la altura de las ausencias que ya se acumulan en mi vida.

Hoy no hemos podido verte, ni abrazarte y colmarte de besos. No importa el día que es y lo que se celebra (es una convención), importas tú y ahoga la incertidumbre de no saber cuánto tiempo nos queda. 

Sólo deseo que te recuperes y que entre todos podamos mudar la tristeza que ahora nos envuelve en brotes de alegría y esperanza.

No importa el día, importa tu vida, tu bienestar y tu alegría. 

Quiero que sepas que te quiero mucho. Y ojalá que dentro de ti, sintieses lo que transportan en su cuerpo estas palabras.




 Parecía que no sentía nada, pues de cara al exterior no manifestaba ningún sentimiento.

Pero te equivocas si piensas que no siento nada, te equivocas, estoy llorando por dentro. Con un dolor que se difunde y ocupa el espacio indeterminado del alma. Un dolor sordo que paraliza los miembros y agarrota los músculos y los nervios del rostro.

En raras ocasiones, se manifiestan las lágrimas. Cuando esto ocurre es como algo dentro de mi se desanudase y se abriera, liberando una infinitesimal parte de una pesada carga.