jueves, 30 de junio de 2016

Entonces, tus ojos

Echo de menos el mar
Y navegar por tu risa.
Anhelo caminos de pies descalzos
Moldear montañas gastadas de tiempo
Arena del fondo de los pensamientos
Realidad trenzada de luces y sombras.

Ví manifestarse su sutil grandeza
Sumergida en aguas saladas de vida
Paseaba despacio
Dibujé la orilla
Entonces, tus ojos
Y sentí el mar.

martes, 28 de junio de 2016

Siesta

Esta tarde no podía ni quería despertar.
Soñaba con ella. Soñaba que no paraba de hablarme.
El timbre y el tono de su voz eran atemporales, como corresponden a una mujer en su plenitud.
Me decía muchas cosas. Me contaba esos secretos cómplices que no se recuerdan en forma de algo anecdótico o como una historia, sino que se sienten como posos de gracia dentro del ser.
En el sueño, ella era una fortaleza y era muy sabia, pero sobretodo era madre, mi madre. Me invitaba a reconocer la gran fuerza que hay en mi y notar el gran cambio que ha supuesto el devenir de los últimos acontecimientos en nuestro interior.
Cuando me he podido despertar, me rondaba una idea parecida a estas palabras:
hasta ahora, casi todo lo que nos han enseñado en la vida y lo poco que hemos aprendido es un comportamiento condicionado y sencillamente se trata de ser.

Hay mucho momentos en los que echo en falta escuchar su voz, poder hablar con ella. Pero, ahora, apenas si puede articular algunas palabras con sus labios.
Pero, de alguna manera, nos habla a todas a través de los sueños. Y en ellos está presente su espíritu.
Y cuando nos despertamos, lo recordamos.

lunes, 27 de junio de 2016

Vida

La generalidad del cerebro humano piensa en dualidad de términos: luz y sombra, dulce, agrio, bueno y malo. Esa dualidad no existe en la naturaleza. En el mundo no existe el bien o el mal, sino lo que se hace y lo que se es. Cuando describimos una acción describimos vida; cuando damos nombre a las acciones (como depravación u obscenidad) nos internamos el reino del prejuicio subjetivo.

Irving Stone


De juegos de artificio

Querido ángel, que con paciencia infinita me guardas y aguardas:

Añoro tu cuerpo, ausente para poder admirarle.
Sé bien que ya no puedo tomar tus hermosas manos, ahora que se difuminan en la nebulosa de un recuerdo.

Querido ángel. Ángel de pasión. Pasión que sólo tú y yo sabemos. Que ahora se derrama desde todo mi ser a través de estas teclas. Este lugar que se creó para poder tocarte. A través de mis manos, a su sutil contacto, con cada acorde creado se manifiesta un nuevo aspecto de tu alma que en mi alma mora.

Se confunde en mi virtud la expresión de todo el vasto imperio que me haces sentir. Este amor irreverente que transgrede las leyes del tiempo.
No es una búsqueda de permanencia, es el hallazgo de la verdadera vida.

La música que emana, de esta caja mágica, de este juego de artificio de cuerdas, madera y teclas, construye y llena espacios de pasajes invisibles. Despierta las más ocultas emociones.
La música, de mis manos a tus teclas, ángel mío, nos perpetúa. Nos convertimos en todas esas cosas y todos esos seres a los que alcanza nuestro halo invisible.

Y, quizás, sólo somos tú y yo en el silencio. Este silencio que nos envuelve y abraza.

Y se lleva las palabras

Entrego palabras al viento
Y libero el pensamiento
Que en cada cielo renace.

Cada color, una nube
Una luz, un sentimiento
Liviandad donde expresar
El eco de un sol sediento.

Vano intento el de fijar
Lo que sólo es movimiento
Habrá que inventar conceptos
Los matices de momentos
Que contengan mil instantes.

Se crearán en los sueños
Con su hálito de vida
Y dispersos en el aire
Alcanzarán los pulmones
De poetas trovadores
Que exorcizan las palabras.


Los niños descansan

El sol regala su tibieza al despuntar la mañana. En un lento paseo se funde en la piel. Se perpetua ingrávido junto una miríada de trinos.
La calle desierta se colma de su luz densa. A su avance se disipa la penumbra de las dudas.
Amanecen perezosos muros cargados de silencio. Sedimentos de la algarabía y alegría de los niños que ahora descansan.
Hoy duermen sin prisas, mientras su estrella les guarda. Arropados con caricias aéreas de brisa, preludio de la solana.

sábado, 25 de junio de 2016

No me comprendas más

No me dan miedo. Y sé, que no mienten siempre.
A mi me gusta mirar a los ojos de las personas.
Detenerme con suavidad en cada rostro que los enmarca. Explorar con curiosidad el conjunto de los gestos, los caracteres que hacen único a cada ser.
A veces ocurre que la imagen se difumina, así sin pretenderlo. Y se siente el aura que genera la pequeña envoltura del cuerpo.

La única manera de conocerse es a través de los demás. En los demás.
Escucho lo que me dices. Observo lo que piensas. Considero lo que te dices. Y todo eso sobra, pues el universo entero se expresa a través de los ojos, a través de la mirada. Así es como aprendo. Así es tu vida fluye en la mía.
Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Son mucho más.
¿Acaso no son el pasadizo por el que adivina y se hace el primer escrutinio de un corazón?

Gusto mucho de hablarte. Y reducir en cada palabra el espacio virtual que construye la mente.
Hoy no quiero que comprendas mis palabras.
Sólo quiero que se extinga este contraluz que me separa de tus ojos.
¿Cómo voy a conocerte si no puedo verme en tus iris?
Y perderme  en la enormidad de la belleza que nace cuando se anulan las distancias.
No me comprendas más. Hoy no.
Sólo acércate despacio, sin prisas al vuelo de mi mirada.