jueves, 22 de abril de 2021

Madre

 No sabría descifrar el misterio que se esconde detrás de su mirada.

Y no comprendo que palabras se encuentran atrapadas sin orden ni concierto en su forzoso silencio.

Cuando vamos a visitarla, al contemplarla tras el cristal, no sabría dislucidar si éste nos separa más que nos une. En cada una de sus caras se refleja un universo diferente. De un lado se proyecta el mundo exterior, donde los elementos matizan y acompañan los días. Del otro, vemos el lugar donde se cuidan a los mayores, huérfanos ahora de contacto físico por parte de sus familias y amigos.

Ha pasado ya más de un año sin que  puedan salir a la calle, sin poder sentir como la vida cobra sentido rodeada de su abrazo, sin poder disfrutar de sus besos o de la más nimia caricia. A veces me da la impresión de que el alma, privada de todo contacto físico, se va quedando reseca. 

Me pregunto cómo serán sus días.  Cómo serán sus pensamientos y su manera de sentir.

A veces pienso que no nos reconoce, que se ha olvidado de nosotros.

Otras veces pienso que está enfadada porque no entiende bien todo esto que está sucediendo y debe de pensar que la hemos abandonado a su suerte.

No sé. Es mejor no pensar. 

Lo importante es que nosotros sí la reconocemos y sabemos que es nuestra madre. Y hay una necesidad de grabar en nuestra retina cada instante a través del cristal (lo que nos queda ahora), de verla esquivando reflejos, de escudriñar en su rostro y en su porte como se encuentra. 

 Me invaden la angustia y la impotencia cuando pienso que no sabemos cuanto tiempo más tendremos que estar así, viéndonos tras el cristal.

Hay quien se empeña en decirnos que eso no es vida (la vida de mi madre), y cuando lo oigo contengo mi rabia y pienso que esa persona dice eso porque no ha entendido nada de la vida y de la multiplicidad de sus manifestaciones. Esos que no saben que sentir su risa tras el cristal merece cada segundo de mi existencia.







 Encontré el infinito en sus ojos de mar.




 Desde su silencio, mis palabras se componen de todas esas cosas que nunca le dije.




martes, 20 de abril de 2021

Otra vida

 Yo tenía siempre un sueño de ojos bien abiertos. Me gustaba  recrearlo cada noche de cada día. Después de hacer repaso mental de lo acontecido en la jornada,  me quedaba dormida y accedía al mundo de los sueños de ojos cerrados, esos otros sueños que quizás sólo de diferencian de los primeros en que suceden en ese extraño lugar que convenimos en llamar subconsciente. No sé. Nunca se sabe.

Ya no sueño con los ojos abiertos. Y desde que esto es así la vida se ha vuelto más áspera e insulsa.

Por ello, creo, todos los días se repiten con una monotonía exasperante, despojados de sueños de ojos abiertos y de amores imaginarios.

Pero yo quiero volver a soñar, sentir el vértigo de una mano soñada que se acerca peligrosamente para dibujar un instante de realidad. 

Siempre me gustó vivir en el límite de un mundo dual, inventar lo posible para aderezar las muchas veces sin substancia vida esta.

Yo tengo los esbozos de un sueño de ojos abiertos. 

Ya no hago repaso de lo que hecho al cabo del día. Otro día más que se me ha escurrido sin impregnarse de mi verdadera esencia. Otro día más sin verle. Otro día más que el sueño de ojos cerrados me lleva sin construir mi sueño de ojos abiertos.

Esta noche volveré a intentarlo. 

Reuniré los fragmentos de mis sueños rotos y comenzaré otra vida.











domingo, 11 de abril de 2021

Sin dolor y sin rabia

 Si pudiese expresar con palabras lo que siento, éstas serían el más precioso bálsamo con que anestesiarme la vida.


Tú ordenas mis vacíos, mis recuerdos y mi tiempo.

Aunque ya no sé vivir la vida como si sólo fuese a durar un instante, y hubiese de beberla de un solo trago.

Ya no sé vivir la vida como si la mayor ficción de la misma fuese el tiempo.

En algún rincón privilegiado de la memoria se encuentran agazapados con todo lo demás los mejores recuerdos.

Ha pasado demasiado tiempo, tanto como para entender y aceptar que no voy a ser capaz de olvidarte.


Existen algunos preciosos recuerdos que nunca serán contaminados de presente. Son todas esas sensaciones y sentimientos que me bullían en las entrañas.

Ese leve rubor que te incendiaba las mejillas.

El siempre eterno giro de tu alianza sobre la mesa.

Despertar respirando el mismo aire y destino e inaugurar días llenos de vida y de risas.

Entonces, parecía que el amor y la juventud iban a durar para siempre. En realidad a nadie le preocupaba la duración de nada, era una entrega total al momento.

Pero sobre todo echo de menos tu mirada oblicua llena de mar y salitre.

La visión de tus manos sujetando con delicadeza un buen libro abierto en canal.

Hoy te echo de menos. Sin dolor y sin rabia. Te echo de menos como si todavía no fuese cierto que he perdido la esperanza.



martes, 6 de abril de 2021

El cementerio y aledaños

Cielo límpido y puro de Abril.

Las virginales espigas se mecen en los campos. 

Vamos siguiendo la arboleda, camino del Camposanto.

Llegamos al reino de los trinos de los pájaros, del bullicio de los gatos por doquier y, sin embargo, cuanto silencio.

Nombres, imágenes, cifras y letras se repiten como una letanía, construyendo la paz más terrorífica.

Flores sobre las losas, en todos sus estadios.

Vamos de visita a nuestro fatal destino y no me sale una sola lágrima. Las lágrimas parecen haberse quedado disueltas para siempre, en esta puta química que sujeta mi mente.

Ese dolor sordo sin lágrimas que me lacera hacia dentro.

Necesito llorar, llorar a gritos, pues cuando despierto tengo una pesadilla que parece no tener fin.

No puedo avanzar, con estas ansias que me dominan.

Y sé que la solución posible sólo depende de mi, es un estado de mi mente.

Añoro cuando fui muy feliz, porque por un infinitesimal instante, acaricié la libertad con la punta de mis dedos.

Pero no voy a quedarme aquí sentada observando como la vida se me escurre entre los dedos.

Voy a ser lo que tenga que ser, pero siendo.

 Allá voy.


 La vida es lo único que nos queda,

es lo único que tenemos y hemos tenido siempre.