Las preñadas nubes inventan los modos y maneras del gris.
A veces, parecen colosales perlas salvajes. Otras, cambiantes cúpulas revestidas de plomo, coronando ,con su peso, el aire.
Con sus rápidas metamorfosis, confunden los sentidos. Cuando no terminan disfrazándose del azote del viento.
Se entregan, así, en ráfagas a un mágico bamboleo.
Sus intensas gotas, azotan la piel. Mezcladas con dramáticas luces, horadan la cumbre del cielo más cercana.
Los generosos haces de violenta luz se derraman. Son fogonazos sobre el fértil horizonte florido.
De esta manera, enciende su brillo lo que es más visible.
El irreal contraste de los tránsitos.
El cielo salpicado de vida aérea. Es la alegría que extiende trayectorias invisibles, por doquiera que va.
Camino. Y al inspirar el húmedo aire, siento ingravidez.
Ser osmótico esponjado en el alborotado trajinar de la existencia.
miércoles, 13 de abril de 2016
martes, 12 de abril de 2016
Hoy no
Fue justo en ese nunca más verte, que dejé de verme.
Mi alborotado pelo se cubrió de escarcha.
Y mi mente huyó, aterida, por el frío.
Saltaba sin rumbo. De encierro a infierno.
Cayendo en una trampa de muñecas rusas.
Cámaras de aire, vacías de versos.
Cayendo en la cuenta.
El destino, soy yo.
Hoy no busco instantes. Ni habitar lugares.
Elijo ser todos. Si acaso, ninguno, para descansar.
Hoy soy el sabor a café, de las cosas nuevas.
Y un pitillo a medias, para despertar.
Y si la cae la lluvia, dejo que me empape.
Soy tan diminuta, abiertas mis alas.
Rica pequeñez, con sabor a gloria.
Mi alborotado pelo se cubrió de escarcha.
Y mi mente huyó, aterida, por el frío.
Saltaba sin rumbo. De encierro a infierno.
Cayendo en una trampa de muñecas rusas.
Cámaras de aire, vacías de versos.
Cayendo en la cuenta.
El destino, soy yo.
Hoy no busco instantes. Ni habitar lugares.
Elijo ser todos. Si acaso, ninguno, para descansar.
Hoy soy el sabor a café, de las cosas nuevas.
Y un pitillo a medias, para despertar.
Y si la cae la lluvia, dejo que me empape.
Soy tan diminuta, abiertas mis alas.
Rica pequeñez, con sabor a gloria.
domingo, 10 de abril de 2016
Sofía
Es aire viajero de abril
tu mirar de ojos claros
de besos inquietantes, perfumado.
Tu sonrisa, sutil, despierta
al regalo del amor
mientras, curiosa, descubre las expresiones del mundo.
Tu prístina luz transporta al instante
donde todo está por hacer
donde todo es aún posible
donde sólo caben los abrazos.
Tu música es el latir de un pecho
del que emana la esencia viva.
Es aire de sorpresa alegre
el despliegue de tu encanto.
Sostenida en fuertes brazos
de éste, tan grande, hogar.
Con sus diminutos dedos
prende suave y firmemente
la gravedad más cercana
ese dulce entregarse
en que se funden las almas.
tu mirar de ojos claros
de besos inquietantes, perfumado.
Tu sonrisa, sutil, despierta
al regalo del amor
mientras, curiosa, descubre las expresiones del mundo.
Tu prístina luz transporta al instante
donde todo está por hacer
donde todo es aún posible
donde sólo caben los abrazos.
Tu música es el latir de un pecho
del que emana la esencia viva.
Es aire de sorpresa alegre
el despliegue de tu encanto.
Sostenida en fuertes brazos
de éste, tan grande, hogar.
Con sus diminutos dedos
prende suave y firmemente
la gravedad más cercana
ese dulce entregarse
en que se funden las almas.
jueves, 7 de abril de 2016
De geometrías límites a lo informe
Pensaba que eran tus ojos.
Y así, vida tras vida, me demoraba en la oscuridad de la noche cósmica. Asomada al balcón de geometrías límites, que unen a la vez que separan. Con la cintura pegada a su borde, sentía tu lejana compañía.
Agotaba madrugadas, confusa en la niebla de un inagotable pitillo, apagado a medio consumir.
Con ese cigarro entre los dedos, gustaba imaginar que eran tus ojos los que creaban la imagen de ese cielo nocturno, mostrando todo su esplendor. Entonces, quería disolverme en él, quedar al resguardo de su manto.
No entendía, entonces, que me había quedado presa en la leve tregua de un refugio.
No sabía que no sirve de nada pretender un alojamiento permanente en el cobijo de un refugio.
Y es que la vida corre, arriesgándose, cuerpo a cuerpo, a la intemperie. Si acaso demorarse en un pequeño remanso, para saciar la sed del camino.
Al cabo del discurrir de unos cuantos senderos de la montaña, empiezas a intuir.
Comprendes. No eres tú. No soy yo. Todos somos visionarios en el perpetuo ascenso y descenso.
Cada vez que abandono un pequeño refugio, la guadaña insistente del miedo agudiza su ser en mi presencia. Su metálico brillo hiere mi mirada.
Después, lo sé. No hay metal, ni brillo, ni lugar a resguardo.
Sé que lo que mueve los pies es el suave latido. Es un leve sentimiento que la mente esparce.
Pensaba, mucho pensaba. Cada pensamiento un pesado eslabón, de una cadena sin principio. Ni fin.
Demasiado racional, ¿verdad?. Te decía muchas veces, mientras te besaba el alma.
Entre tanto pensamiento, el sentir ¿dónde queda?
Más la maraña, cesa.
¿Acaso no es sentir la invención del hombre en el mundo?
Y así, vida tras vida, me demoraba en la oscuridad de la noche cósmica. Asomada al balcón de geometrías límites, que unen a la vez que separan. Con la cintura pegada a su borde, sentía tu lejana compañía.
Agotaba madrugadas, confusa en la niebla de un inagotable pitillo, apagado a medio consumir.
Con ese cigarro entre los dedos, gustaba imaginar que eran tus ojos los que creaban la imagen de ese cielo nocturno, mostrando todo su esplendor. Entonces, quería disolverme en él, quedar al resguardo de su manto.
No entendía, entonces, que me había quedado presa en la leve tregua de un refugio.
No sabía que no sirve de nada pretender un alojamiento permanente en el cobijo de un refugio.
Y es que la vida corre, arriesgándose, cuerpo a cuerpo, a la intemperie. Si acaso demorarse en un pequeño remanso, para saciar la sed del camino.
Al cabo del discurrir de unos cuantos senderos de la montaña, empiezas a intuir.
Comprendes. No eres tú. No soy yo. Todos somos visionarios en el perpetuo ascenso y descenso.
Cada vez que abandono un pequeño refugio, la guadaña insistente del miedo agudiza su ser en mi presencia. Su metálico brillo hiere mi mirada.
Después, lo sé. No hay metal, ni brillo, ni lugar a resguardo.
Sé que lo que mueve los pies es el suave latido. Es un leve sentimiento que la mente esparce.
Pensaba, mucho pensaba. Cada pensamiento un pesado eslabón, de una cadena sin principio. Ni fin.
Demasiado racional, ¿verdad?. Te decía muchas veces, mientras te besaba el alma.
Entre tanto pensamiento, el sentir ¿dónde queda?
Más la maraña, cesa.
¿Acaso no es sentir la invención del hombre en el mundo?
miércoles, 6 de abril de 2016
Push the button
Y al rasgar el velo que enmascara el desengaño, representándolo precioso, la informe realidad aparece. Es rotunda y refulgente. Apenas coincide con lo pensado.
Es una sensación muy difícil de describir, por desconocida. Por falta de referentes.
Casi todo ha pasado en la mente por el filtro de creencias, juicios y falsos razonamientos. Supersticiones: qué se yo. Ajenos.
¿Dónde estaba yo?
¿Acaso no hay que dejar de estar para ser?
¿Se puede ser, estando, sin caer en la locura?
Push the button.
En una columna de fuego dorado, con consistencia de mercurio, se adivinan los contornos de unas piernas y unos pies que pugnan por descender y subir. Se resisten a bajar. Pero no logran subir.
El ascenso y el descenso son sólo dos cosas de considerar la misma cosa.
Cuando se rompió mi reloj de arena, quedaron imperceptibles partículas en mi bolsillo.
Así es que, he vuelto a ponerme un reloj, en la muñeca.
Tiempo de quita y pon.
Push the button.
Es una sensación muy difícil de describir, por desconocida. Por falta de referentes.
Casi todo ha pasado en la mente por el filtro de creencias, juicios y falsos razonamientos. Supersticiones: qué se yo. Ajenos.
¿Dónde estaba yo?
¿Acaso no hay que dejar de estar para ser?
¿Se puede ser, estando, sin caer en la locura?
Push the button.
En una columna de fuego dorado, con consistencia de mercurio, se adivinan los contornos de unas piernas y unos pies que pugnan por descender y subir. Se resisten a bajar. Pero no logran subir.
El ascenso y el descenso son sólo dos cosas de considerar la misma cosa.
Cuando se rompió mi reloj de arena, quedaron imperceptibles partículas en mi bolsillo.
Así es que, he vuelto a ponerme un reloj, en la muñeca.
Tiempo de quita y pon.
Push the button.
martes, 5 de abril de 2016
Los colores de la energía
Polen nuevo que se entrega
esparciéndose en el viento.
Todo crece en lo pequeño.
Las potencias de la vida
se elevan sobre si mismas.
Rumbo al calor de los abrazos
que siempre envuelven y aguardan.
lunes, 4 de abril de 2016
Aire perfumado de un húmedo canto alado
Gris de agua de lluvia
templa la mañana.
trinan los rincones
que habita mi alma.
Música difusa
mueve este cantar.
Mojada en las líneas
de azorada trama.
bálsamo preciado
para caminar.
Aire de perfume raro
húmedo trajinar aladao
envuelve el instante
de este despertar.
templa la mañana.
trinan los rincones
que habita mi alma.
Música difusa
mueve este cantar.
Mojada en las líneas
de azorada trama.
bálsamo preciado
para caminar.
Aire de perfume raro
húmedo trajinar aladao
envuelve el instante
de este despertar.
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