Quizás, somos lo que imaginamos.
martes, 20 de octubre de 2020
I have a dream
Esta es mi voz, sin el eco lejano y persistente de la suya.
Ojalá que algún día se confundan los deseos meditados con los sueños y se hagan realidad. Es que tengo un sueño recurrente, que voy construyendo a raticos, cuando estoy despierta y que no termino nunca de imaginar, porque no tiene principio ni fin. Me gusta mucho este sueño, porque lo voy modificando a mi antojo y adaptando según evoluciono. Pienso que en su estructura, apenas esbozada para que sea flexible, podrían estar contenidos los rudimentos de una nueva realidad para mi.
La imaginación se pone al servicio de todos esos sueños que me mueven a la vida.
Somos lo que imaginamos.
Nunca fue dulce el tormento
Si al soltar se siente vacío es que todavía existe apego.
Creo que uno de los pocos deseos expresos que se me han cumplido (en un ataque de ego), es aquel de desear no verle nunca más. (Por eso se dice que hay que tener cuidado con lo que se desea, pues en ocasiones los deseos se cumplen).
Ahora, al pensar en su ausencia no siento vacío, lo que siento es una extraña sensación que es algo así como si él estuviese aun en mi, sin estarlo en realidad; algo parecido deben sentir los que han perdido un miembro de su cuerpo que, a veces, parecen sentir el miembro amputado sin tenerlo, tan acostumbrada como estaba a pensarlo y sentirlo en todo momento.
Estaba pensando estos días que va muy rápido esto de la vida. El otoño avanza imparable, devorando horas de luz solar a su paso y revolviendo los estados de ánimo y los sentimientos. Para compensar, quizás como bálsamo para la tristeza, nos ofrece puestas de sol y paisajes vegetales llenos de belleza.
Antes me gustaba pensar que dentro de su silencio, me gustaría ser presencia. Necesitaba pensar que sería buena cosa que yo permaneciese en él, de alguna manera, que fuese con suerte, algo más que un lejano recuerdo de risas y fiesta.
Ahora pienso que ya me da igual, pienso que aunque eso fuera así, no tiene sentido si no me llega a mi.
Ahora entiendo que desde hace mucho tiempo respecto de él, sólo me quedan recuerdos de recuerdos y, eso sí, muchas líneas por mi parte quizás para compensar todo su silencio y abandono.
Con todo esto, lo único que quiero decirme a mi misma, es que ya no estoy enamorada de él. Y no es algo que me haya propuesto, porque además eso no funciona así, ha sucedido y ya está. Y siento mucho alivio, pero me siento muy rara sin estar enamorada.
Es tan raro. Cuando ha aparecido en mis sueños no he sentido nada especial y me es muy extraño, después de tantos años anclada en lo mismo. No sé si es el triunfo del tiempo y el desengaño. Yo creo que él se ha desprendido de mi porque ya no lo necesito en mi vida.
A veces me da la sensación que hay algo de tiranía en el esto del enamoramiento.
He soltado, por fin, y me siento libre. Ha llegado la hora de celebrarlo.
domingo, 18 de octubre de 2020
El lado obscuro
Todos tenemos ese lado obscuro que nos negamos a admitir continuamente y que reaparece en los momentos más inoportunos, con carácter intermitente. Cuando entra en escena, hace estallar en mil pedazos, una realidad bien construida.
El lado obscuro es volver a caer en un instante de inconsciencia, a veces de ira, otras de debilidad. La caída consiste en estrellarte contra un muro de tristeza y desolación.
Lo obscuro es la acción cuyo peso carga en la conciencia y desata los más amargos sentimientos de culpa. Porque esa obscuridad que también nos conforma (o deforma, nunca se sabe) es la responsable de los peores gestos y acciones y siempre se encuentra al acecho. Cuando no tiene rienda suelta, se ubica en lo más enquistado de la memoria y desde el recuerdo, se va liberando en el momento presente para ir ganando terreno y hacernos sentir que somos una puta mierda.
Para que no actúe es necesario obrar a cada instante de manera consciente, no abandonar nunca la templanza.
Pero el orden de los acontecimientos, en ocasiones nos deja fuera de si y sin pies de plomo es previsible la caída.
Hace poco que caí. Volví a la negra sensación aledaña a la locura. Mientras caía, en ese fatal y breve instante, notaba cada uno de los fragmentos a los que se iba reduciendo mi alma.
Ese ser violento que creía exorcizado de mi, apareció de nuevo y en solo un instante todo el trabajo de muchos años se fue a tomar por saco.
Por ello, he de admitir que hay una faceta en mi que me deforma y hace sacar lo peor, yo que aspiro a la bondad como más alto estandarte.
Más la caída esta vez fui distinta, fue una caída en la me recompuse rápidamente, enseguida me puse de pie.
Caí por una milésima de segundo pero conseguí parar el espanto apenas se desataba y me dije:
- monstruo, qué coño estás haciendo.
La obscuridad nos hace distorsionar la realidad y las cosas no son lo que pudieran parecer.
No se puede destruir lo que se quiere.
En un apagón, dentro ese lado obscuro que nos agobia y enseña, se puede sentir el vértigo del vacío; sentir los huesos desnudos rodeados de tierra. Pero esta vez el cordón de la dinamita se apagó antes de llegar a la carga, pues sentí todos los huesos del mundo proclamando su reino y una punzada aguda se instauró en mi pecho: era la muerte llamando a mi puerta.
Y en contra de lo que pudiera parecer era yo la que se moría por una fracción infinitesimal de tiempo. Y comprendí que todo lo que hago, aunque pudiera parecer una acción exterior hacia otro, es lo que me hago a mi misma.
Y sentí que el lado obscuro no es un lugar de visita al que se acude en momentos extremos o de locura, sino que también somos eso.
Y saber esto me da miedo y rechazo.
Y mi miedo se convierte con frecuencia en angustia.
Hoy vuelvo a poner el contador a cero, y esta vez solo espero que la luz sea mi camino y que el amor me aleje de la obscuridad.
domingo, 11 de octubre de 2020
Echo de menos
Echo de menos tus preciosas palabras, justo todas esas palabras que me hacían soñar con el amor verdadero.
Sin ellas se hace más áspera y dura la existencia. Antes, cuando te leía a diario, cada día tenía su tiempo de momentos brillantes y de buenos alimentos para el alma.
Ahora me conformo con el susurro de colores del cielo al anochecer. Con la sonrisa llena de vida de los niños. Con el latir límpido de mi corazón cuando es movido sin miedo. Pero en todas estás cosas y en más aun, está la maravillosa corriente en la que se también se conecta el recuerdo de tus hermosas palabras que añoro sin medida.
Te busco y te buscaré siempre, por si algún día volviera a encontrarte, inspirado, pleno y lleno de belleza.




