domingo, 31 de mayo de 2015

Train à la ligne

Tu mides tu tiempo con tu reloj de pulsera.

Algunos, con reloj de arena.

Et moi, avec des trains

Train à la ligne (III)

A veces, sólo decirte, que la vida de tus besos es la luz de mi sonrisa.

Train à la ligne (II)

Con suma delicadeza depositas todo tu amor en cada secreto de mi piel.

Y me entrego muy despacito a ti.

Y eres tan dulce. Tan delicioso

Train à la ligne (I)

Entras en mi y cada posibilidad generadora se incrementa y renueva.
A veces, en la sutileza de la más diminuta flor.
Sentir ser cada ser.
De ti en mi.
De mi en ti.
No existen límites.
Sólo un fugaz pensamiento de dulces contornos.


viernes, 29 de mayo de 2015

Todo el manantial de los versos
que cada noche nos nace, de piel a piel,
se queda en un espacio indeterminado.

Todas esas palabras impregnadas de nuestra esencia,
¿Dónde estarán ahora?

Son viajeras partículas mágicas en suspensión
y allí dónde se derraman se genera una pequeña obra de arte.
Llena de amor y de ternura.

Según nos nacen dejan de pertenecernos.
Y así, a cada instante, juntos estamos, recreándolas.





El Vámpiro

Era un anochecer, de extremada pelona, rondando el bajo cero.

Su mujer, le tenía harto. Él había referido que su trato con ella era a base de insultos. Incluso de palos.

Ellos, estaban al resguardo de una manta mulera, en la reja de la baja ventana.

Una Dentro. Otro Fuera. En el cielo de la bóveda de tan fijo ropaje.

La noche llegó. Y Él, decidió poner fin a sus días. Se abrigó con su negra capa. Y sin vacilación alguna, se arrojó por el balcón, a un profundo abismo de metro y medio, en pendiente descendiente a la cavilla del pueblo.

Los enamorados oyeron el estruendo. Y los a y es. No fueron los únicos. Pero si los más próximos.

Fuera, salió de su amoroso refugio no sin cierta pena y al punto con cierta risa, al ver al vejado vecino echo un revoltijo de capa y mugre.

Él era un hombre común. Más desde entonces pasó a ser el Vámpiro. Así como todos sus descendientes. Los hijos del Vámpiro.

Si, en manera esdrújula.

Despacio

Paseos de largos atardeceres,
en lento caminar.

Tu  luz silueteando algodonosas  nubes,
en las que descansar el alma.

Es el único momento
en que sobran las palabras.

Sólo la suavidad de las manos,
el roce del  vuelo, de mi falda.

Y la amplitud de las sonrisas,

que se extienden y contagian.