sábado, 18 de agosto de 2018

Elucubrando

En el delirio de mi inconsciencia te convertí en el demiurgo de mi día a día.
Al volver a consciente, sólo encontré pájaros de barro que querían volar, pájaros de mirada extraviada como la de un rey solitario y loco.

Toda la inconsistencia que me sugería el mundo (que tomé erróneamente por irreal), se ha ido tornando poco a poco en algo denso y viscoso que me atrapa y paraliza.

Entre fragmentos de sueños rotos, encontré mi origen: un enorme corazón latiendo en armonía.

Y al sentirlo, entendí, que soy con él y formo parte de esa hermosa danza que lo hace crecer y expandirese.

Esto no es que yo lo crea, es que lo creamos muchos, más bien infinitud.

La densidad se hace porosa con cada latido.

El latido que resuena en mi pecho está impregnado del eco de cada uno de los latidos de los seres y de las cosas que me conmueven.

Por eso continuo.










miércoles, 15 de agosto de 2018

Sobre el color blanco

El blanco -que reúne todos los colores- pertenece al hombre. En la casa blanca, el mantel blanco, en la ropa tendida ante el sol, en el humo que asciende en espirales, en el trocito blanco y limpio que asoma en el cuello de los sacerdotes, en los signos blancos pintados sobre el asfalto de las carreteras, en la vela triangular llena de viento, en el blanco de los ojos ajeno al color verde, azul, negro, marrón de la pupila; en el blanco que nace entre los colores ocres en la pintura oscura y humilde de Zurbarán, donde surge como proveniente desde el fondo de las edades, o en el sayal almidonado con el que un día sin más te meten en un pijama de madera,llamado ataúd, para mandarte a la estratosfera. La paz es blanca, como la miga de pan.Y los dientes de los niños y de las chicas son blancos.

Luis Martínez Santa-María

sábado, 11 de agosto de 2018

Todos necesitamos una vía por la que escapar de los miedos y dudas que nos agobian y limitan tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, para así poder continuar y mantener nuestra fortaleza.

Siempre hay un lugar donde refugiarse, sólo hay que dejar a la intuición que nos conduzca al mismo. Para entrar en ese lugar de eventual descanso, sólo hay que recordar la clave (que es lo único que hay en este mundo  inmutable y sin contrario).




martes, 7 de agosto de 2018

La niña-mujer

Esta tarde, como la mayoría de las tardes,  acuden las dos al parque.
La abuela acerca la silla de ruedas de su nieta a la zona de los columpios.
La nieta, quizás alimentada en su ánimo por el rato de diversión que sabe le espera, con un gran esfuerzo se pone de pie y salva los pasos que la acercan al asiento del columpio con mucha alegría.

Una vez se sube en el columpio la niña-mujer, su abuela se retira con la silla de ruedas a un banco cercano, que le permite observar a una distancia prudencial a su nieta.

La niña-mujer ahora pertenece al dominio del aire y del cielo. Se impulsa con una gran sonrisa que no se desdibuja en ningún momento de su rostro.

Recordando algo, frena por un instante; se detiene y saca de su pequeño bolso (que lleva colocado en bandolera) un teléfono móvil. Busca la función reproducción de música y a un volumen moderado comienza a sonar la primera canción. Guarda el móvil con la música puesta dentro de su  bolso y ,con más ímpetu si cabe, continua columpiándose a la vez que escucha y canta. Son canciones de verano y así, con los ojos cerrados, cantando y meciéndose al ritmo de la música pasa un rato infinito.
En ese rato de tarde, tarde de vuelo y canto, la niña-mujer olvida las muchas limitaciones a las que le obligan su mente y su  cuerpo. Esos momentos en el columpio, constituyen la grieta por la que se escapa su ser de su condición terrena.

Entonces, su cuerpo,  desafiando la gravedad con ayuda del columpio y explayándose en la música,  se torna liviano.
Entonces, y sólo entonces,  todo está bien volando casi a ras de suelo, bajo la atenta mirada de su abuela.







lunes, 6 de agosto de 2018