viernes, 16 de febrero de 2018


Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.

Gabriel García Márquez






jueves, 15 de febrero de 2018

¿A qué no me conoces?

¿A qué no me conoces?

Era la consabida fórmula oral con la que se iniciaba el primer acercamiento.

La máscara callejera se presentaba ante ti con el rostro tapado, las formas y hechura del cuerpo disimulados con rellenos, en capas sucesivas de telas y con composturas de vestimentas inenarrables.También disimulaba, en la medida de lo posible, la voz y los andares. Y así, comenzaba la representación de una historia que se iba inventado y configurando sobre la marcha, mezclando la imaginación, rayando lo absurdo con tintes de realidad.

Hoy la mayoría de la gente se disfraza, pero no se viste "de máscara" (con máscara) y la representación entre máscara y persona sin vestir de máscara ("dar broma"), casi ha desaparecido y el encanto de inventar sobre la marcha una situación teatral muy divertida.

Era de alguna manera, dar rienda suelta (aprovechando el anonimato) a los deseos más íntimos que se obvian o permanecen dormidos el resto del tiempo. Era procurar un acercamiento a personas que en devenir cotidiano de los días quizás no te atrevieses nunca.

La máscara es el subterfugio perfecto para abandonar el traje de la personalidad cotidiano y convertirte en quien te de la imaginación.

Los disfraces siempre te visten de algo. Las ropas de la máscara callejera pueden ser cualquier cosa reconocible o el resultado ser muy parecido a un esperpento. Cuanto más horrible o absurdo es el resultado más risa le da al que lo lleva.

Ahora todo el mundo va disfrazado de algo. Sin embargo, la máscara no va de nada concreto, así puede abrirse a ser lo que quiera, va de máscara y punto y a lo largo de la velada irá improvisando un repertorio o a repetir como un mantra el que lleva preparado, cuando lo lleva.

Ahora seguimos sin conocernos, pero se echa en falta la figura de la máscara callejera original de los carnavales.










miércoles, 7 de febrero de 2018

Veintitantos metros

Sale siempre del colegio corriendo, agitando sus pequeños puños cerrados que dirige hacia lo más alto y el rostro mirando al cielo. Teatral y feliz, no para de gritar:

-  ¡Soy libre!, ¡por fin soy libre!

Con una sonrisa que le ocupa la mayor parte de su cara.

Me gusta encontrarme con él, con el niño alado, mientras espero que salga mi hijo. Los demás niños que se encuentra a su paso le miran con una amistosa sonrisa y es que, de alguna manera, contagia su estado de ánimo de alegría y felicidad.

Cuando le escucho, pienso que es muy importante tener las cosas más básicas de la vida claras desde bien pequeños, como este niño.

Por unos instantes, todos los que le sentimos en ese brevísimo intervalo de tiempo  saboreamos la libertad.











martes, 6 de febrero de 2018

Pies alados



Impregnada de tu esencia
Del calor de tu regazo,
Sobre el arco de mis pies
Todo se torna liviano.


sábado, 3 de febrero de 2018

Mi vida sin ti se quedó varada.
De todos los instantes de la luz, el que más añoro es la alborada, la aurora de rosados dedos dibujando las coordenadas del instante.




Eran noches sin fin, de lunas y de estrellas.
Al alba, bailábamos desnudos al sol.
La piel y la sal eran los perfectos cómplices de la tibia brisa.

Tanto bueno vivido con que hacer plenos los recuerdos.

Días en que las horas se detenían contigo.
Sólo existían tus ojos, los pies descalzos y nuestro pequeño universo.




Sin tu mano en mi mano sólo toco espacios vacíos.