"Tal para cual. Igual que cuando se acostumbra a bailar con la misma pareja. Al principio, a cada movimiento corresponde una réplica; después, la réplica corresponde a cada pensamiento.
Uno solo es el que piensa, pero son dos cuerpos los que hacen la figura."
La Tregua
Mario Benedetti
lunes, 8 de agosto de 2016
domingo, 7 de agosto de 2016
Dar de sí
Aprendí a no pedir nada, pues me parecía que no había mucho que pudiera tener.
No entendía, entonces, que confiar la dicha propia en lo ajeno es un error, pues es causa de infelicidad garantizada.
Entonces, apenas si atisbaba a desentramar la invención del hombre y del mundo. Ahora, tampoco es que haya inferido mucho al respecto. A lo mejor, algo. Y un poco es siempre más que nada.
Ignoraba que bien poco se necesita. Los trastos para desenvolvernos en la vida, los tenemos guardados en el fondo del armario. Sólo hay que sacarlos y empezar la faena cuando decides coger el portante e ir a encontrar tu destino, tu santidad.
Aprendí y entendí que de esas cosas que anhelamos sin saber muy bien (porque e incluso las más de las veces lo ignoramos y lo descubrimos sin más), se compone nuestra mejor parte. Es esa nuestra arquitectura efímera, la que nos hace cosquillitas y nos sorprende y nos esponja. Y se va reajustando y modificando sobre la marcha.
No voy a pedir nada. Nada de ese pedir que sea delegar en otro lo que se tiene que resolver uno mismo.
No voy a pedirte nada, sólo tu ayuda si alguna vez me faltan las fuerzas y la alegría y no puedo continuar por mi misma. Y por que sé que me aprecias y eres mi hermano.
Voy a seguir aprendiendo a no pedir nada, porque aunque pienso que pido poco, aún es bastante lo que pido. Y cierta cantidad es más que nada.
Es el momento de dar de mi.
Por eso voy a estirarme.
Hasta hacerme elástica y ser muy grande.
No entendía, entonces, que confiar la dicha propia en lo ajeno es un error, pues es causa de infelicidad garantizada.
Entonces, apenas si atisbaba a desentramar la invención del hombre y del mundo. Ahora, tampoco es que haya inferido mucho al respecto. A lo mejor, algo. Y un poco es siempre más que nada.
Ignoraba que bien poco se necesita. Los trastos para desenvolvernos en la vida, los tenemos guardados en el fondo del armario. Sólo hay que sacarlos y empezar la faena cuando decides coger el portante e ir a encontrar tu destino, tu santidad.
Aprendí y entendí que de esas cosas que anhelamos sin saber muy bien (porque e incluso las más de las veces lo ignoramos y lo descubrimos sin más), se compone nuestra mejor parte. Es esa nuestra arquitectura efímera, la que nos hace cosquillitas y nos sorprende y nos esponja. Y se va reajustando y modificando sobre la marcha.
No voy a pedir nada. Nada de ese pedir que sea delegar en otro lo que se tiene que resolver uno mismo.
No voy a pedirte nada, sólo tu ayuda si alguna vez me faltan las fuerzas y la alegría y no puedo continuar por mi misma. Y por que sé que me aprecias y eres mi hermano.
Voy a seguir aprendiendo a no pedir nada, porque aunque pienso que pido poco, aún es bastante lo que pido. Y cierta cantidad es más que nada.
Es el momento de dar de mi.
Por eso voy a estirarme.
Hasta hacerme elástica y ser muy grande.
De caleidoscopios
Es un pequeño mundo encerrado en los límites de un círculo. Se crea y recrea en su movimiento, en su girar.
Uróboros de la niñez.
Siempre que veo un caleidoscopio me acuerdo de Cortázar. Y no se porque, me parece que un caleidoscopio es un objeto que se salió de uno de sus libros y se hizo materia.
Entonces, cuando veo uno lo tomo en mis manos y me adentro en su misterio.
Y recuerdo su voz ronca y extraña, la de Julio Cortázar recitando sus poemas, trasladándose con ella más allá de lo que dura un cuerpo mortal.
Y pienso en que mi cuerpo también morirá.
Quizás la desnudez y la muerte sea lo único que nos iguala. Si lo expreso así, se entiende en un sentido aritmético matemático, la igualdad. Me refiero a esa otra, la que nos hermana en la vida, que también es la muerte.
Su voz, sus escritos y su caleidoscópico universo se filtraron en mi y en muchos otros. Así como su cuerpo se entregó a la tierra para ser flor, árbol, agua que mana, trigo y olivo.
Pero esto es sólo un objeto de cartón y debo continuar.
Disolviéndome poco a poco en el verde mar de la nada.
Y estas palabras son un leve eco que ardió en mi memoria.
Uróboros de la niñez.
Siempre que veo un caleidoscopio me acuerdo de Cortázar. Y no se porque, me parece que un caleidoscopio es un objeto que se salió de uno de sus libros y se hizo materia.
Entonces, cuando veo uno lo tomo en mis manos y me adentro en su misterio.
Y recuerdo su voz ronca y extraña, la de Julio Cortázar recitando sus poemas, trasladándose con ella más allá de lo que dura un cuerpo mortal.
Y pienso en que mi cuerpo también morirá.
Quizás la desnudez y la muerte sea lo único que nos iguala. Si lo expreso así, se entiende en un sentido aritmético matemático, la igualdad. Me refiero a esa otra, la que nos hermana en la vida, que también es la muerte.
Su voz, sus escritos y su caleidoscópico universo se filtraron en mi y en muchos otros. Así como su cuerpo se entregó a la tierra para ser flor, árbol, agua que mana, trigo y olivo.
Pero esto es sólo un objeto de cartón y debo continuar.
Disolviéndome poco a poco en el verde mar de la nada.
Y estas palabras son un leve eco que ardió en mi memoria.
Leve espera
Siento el olor indeterminado de las notas de perfumes que se mezclan por azar en lugares donde territorios marcados confluyen.
Escucho la charla animada, envuelta en la luz misteriosa que antecede al ocaso en los cielos de mar. Es el perfecto contrapunto a mi silencio.
Se ha difuminado la luna en el vaporoso cielo, al poco de ofrecerme su sonrisa creciente.
Las altas voces que a nadie importan del quiero y no puedo distraen mi atención. No juzgues. No escuches. Me digo.
Tus labios encuentran mis labios.
Vuelvo al cielo.
Terminó la espera.
Entramos.
Escucho la charla animada, envuelta en la luz misteriosa que antecede al ocaso en los cielos de mar. Es el perfecto contrapunto a mi silencio.
Se ha difuminado la luna en el vaporoso cielo, al poco de ofrecerme su sonrisa creciente.
Las altas voces que a nadie importan del quiero y no puedo distraen mi atención. No juzgues. No escuches. Me digo.
Tus labios encuentran mis labios.
Vuelvo al cielo.
Terminó la espera.
Entramos.
El extraño bosque de piedra, luz y color
Buscamos maestros. Más o menos iluminados. Ascendidos en mayor o menor grado.
Pero no. Es ella. La eterna. En femenino. La madre naturaleza.
Continuador de continuadores. Decía que ser original es volver al origen.
E inventó un imaginario sin fin e irrepetible inspirado en ella. A veces, trasladando literalmente sus formas como un orfebre. Esculpiendo la materia. En un juego extraño entre artesanía, escultura y arquitectura.
Me gustaría ver sus manos y su porte y mirada al trabajar. Pensaba con las manos, como buen obrador.
Y entiendo, veo siempre que en sus obras se produce el milagro de la luz. Emana desde dentro, esa luz solar exterior. Esa es la alquimia. El nada por aquí nada por allá de De la Sota.
Resonadores de la belleza.
Y sus sueños hechos realidad, esos sueños que al entregar dejan de pertenecerles hacen emocionarse a muchos. Y hacen soñar.
Quizás eso es el arte.
Quizás eso es lo eterno.
Yo veo sensibilidad e inteligencia.
Quizás sean matices muy cercanos de la misma cosa.
Pero no. Es ella. La eterna. En femenino. La madre naturaleza.
Continuador de continuadores. Decía que ser original es volver al origen.
E inventó un imaginario sin fin e irrepetible inspirado en ella. A veces, trasladando literalmente sus formas como un orfebre. Esculpiendo la materia. En un juego extraño entre artesanía, escultura y arquitectura.
Me gustaría ver sus manos y su porte y mirada al trabajar. Pensaba con las manos, como buen obrador.
Y entiendo, veo siempre que en sus obras se produce el milagro de la luz. Emana desde dentro, esa luz solar exterior. Esa es la alquimia. El nada por aquí nada por allá de De la Sota.
Resonadores de la belleza.
Y sus sueños hechos realidad, esos sueños que al entregar dejan de pertenecerles hacen emocionarse a muchos. Y hacen soñar.
Quizás eso es el arte.
Quizás eso es lo eterno.
Yo veo sensibilidad e inteligencia.
Quizás sean matices muy cercanos de la misma cosa.
viernes, 5 de agosto de 2016
De jazmín, acanto y sal
Se despeja en el jardín
La maleza de las dudas
Al avanzar hacia dentro
Más allá de la espesura.
Granándose están las uvas
En vapores de jazmín
Y amaneceres de acanto.
Hoy se agostan en tu pecho
El aroma de mil flores
Que crecieron en el reino
Sin pararse en estaciones.
¡Qué enraizando en la tierra
Fueron a darse a la mar!
La maleza de las dudas
Al avanzar hacia dentro
Más allá de la espesura.
Granándose están las uvas
En vapores de jazmín
Y amaneceres de acanto.
Hoy se agostan en tu pecho
El aroma de mil flores
Que crecieron en el reino
Sin pararse en estaciones.
¡Qué enraizando en la tierra
Fueron a darse a la mar!
Algunas consideraciones del vuelo terrestre
Inteligencia también es construir un pensamiento propio, filtro particular a través del cual expresar el mundo.
Es ser consciente de qué es una construcción y de qué es un pensamiento.
Es la capacidad de blindar tu código esencial para que no pueda ser manipulado, contaminado, ni suplantado y que cualquier copia sea evidente y mala.
Es ser consciente de qué es una construcción y de qué es un pensamiento.
Es la capacidad de blindar tu código esencial para que no pueda ser manipulado, contaminado, ni suplantado y que cualquier copia sea evidente y mala.
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