sábado, 5 de marzo de 2016

De puertas desmontadas

Antes de anoche, había algo que intentaba tomar forma en mi mente. Comenzaba con el esbozo de la imagen de puertas. De esas puertas, que tras una reforma u obra nueva, se abandonan para ser sustituidas por otras. Quizás, más hermosas.

Algunas de esas viejas puertas usadas y desechadas,  se transportan y conservan con la esperanza de poder ser aprovechadas por alguien. 
A veces, se las extrae junto sus maltrechos contra cercos. Así, se las transporta. Con los restos de los pedazos de la "carne" de su anterior vida. Exponiendo la intimidad de aquellos secretos que los hermanaron.

He visto con frecuencia, como al acercarme a personas queridas, han instalado alguna de estas puertas, de manera apresurada ante mis ojos. Puertas recicladas para la ocasión. Justo esa: la que nunca fue.
Sin entender que no puede cerrarse ni abrirse el espacio de lo continuo.

A la mañana siguiente, me levanté con la imagen de una de esas puertas. Era metálica, pintada de color azul intenso. Aparecía tumbada en el remolque de un camión de transporte. Iba al raso, entre mallazos y viguetas pretensadas. Buscaba su destino.
Después, se me ha ido de la cabeza.

Nos fuimos a caminar.  Al cementerio.
Llegamos entre silencios. 
En  lo que duran el recorrer unos familiares contornos de cielo y la alegría de ir descubriendo las briznillas de verde, el tupido tapiz de los pedregosos campos.
La luz plata del sol de invierno está adquiriendo matices de oro rosa,  propios de la primavera.

Hemos visto la familia de gatos. La última camada, ahora, se encuentra en su adolescencia.
Son blancos, con un mechón de gris jaspeado sobre la frente. Los ojos muy claros.
Parecen punkis.

No sé por qué hoy nos hemos detenido en algunos nombres de las lápidas.

Leo en una tumba:  Jirafia.  De tal.
C'est pas possible?

La importancia de los nombres.

Inmediatamente recuerdo a Circun. Si. Existe una persona en el mundo llamada Circuncisión del Señor. Noventa y seis  años de humanidad. A vueltas con el mundo. En este caso, literal: sostenida (o contenida) por un ancho cinturón en un sillón. Supuestamente,  para no caerse del asiento,  del que incesantemente intenta escapar.  Girando sobre sí. Todo el rato.
Apenas si ve con sus gastados ojos. Más, tiene bien agudizada su alma.
El otro día, de visita a mi madre, me pidió un beso.
Se lo di, claro.
Dice, que le doy muchos besos a la niña que descansa en el sillón (mi madre) y ella también quiere alguno.

Sin darnos cuenta, una extraña sensación ha disuelto nuestros límites. 
Flotamos.
Nos marchamos.
Somos el camino de vuelta. El frío y la humedad del invierno que se aleja.
La cinta del camino es tan sólo una imagen ilusoria, la divisoria entre dos estados. 
De forma espontánea, configuramos cada uno de los elementos del invierno. Desaparecemos un instante en su abrumadora grandeza. La esquelética arboleda emerge entre la densa y húmeda niebla. Mientras, el viento del norte silba en la caña de los huesos.
Lo sentimos totalmente al serlo. Después, notamos y vemos como se aleja.
El frío sale fuera. Se marcha hacia otras regiones.
A cada paso de nuestro cuerpo  ingrávido,  se va despejando el cielo. Dispersa las nubes.
Al llegar al pueblo es primavera.
Millares de garzas trazan su victoria en el aire, para festejar su regreso.

Olvido. 
Olvido las puertas que ven los ojos del rostro.
Desaparecen los contornos de cualquier recinto.
Lejos, las topologías y geometrías de los límites.

Guardo como un tesoro los momentos más hermosos que compartimos.
Esos, que con agua, sol y el calor del pecho, configuran la estructura de las flores.

Elijo.
Crezco.
Elijo crecer y conocer otros lares, para cambiar mi destino.

Ojalá encontremos siempre la mejor compañía en el camino.


Las diez y ocho

No te permitas turbar la paz de este lugar amable.
Puedes hacerlo más grande
Obrando bondades. Las construcciones del pensamiento limpio.
Sólo es liviano quien nada carga.
Eres la divisoria de los fenómenos. Y eliges el lado por el que avanzas.
Errar lo justo, para rápido enmendarse. Sobre la marcha.
Atentamente, todo se alcanza. Todo es posible. No hay distancias.
Tienes adentro el gran misterio que hasta el aire cambia.

Mira este cielo de la mañana.
Como se llena de voz callada.
Cielo sin nubes
Sobre las cumbres
De la paciencia.

viernes, 4 de marzo de 2016

Un lugar amable

Hay un canto solitario.
Surge cuando el ser amplifica dentro de sí la armonía de los elementos que el instante evoca.
A veces, sólo es una melodía exenta de palabras.
Una cadencia evanescente e ingrávida.
Variaciones del murmullo de los océanos.
Delicada onda viajera. A su paso, deja una estela de vida amable.
Hay un canto solitario.
Tensa las cuerdas de la garganta, hasta alcanzar el arco capaz de lo más hermoso.
Es un querer de crecer, crecer los momentos de lo bueno.
El canto vibra, con la luz, su fiel compañera.
Recorre sus haces, en una metamorfosis continua de horizontes, que se entregan a la ordenada estructura de otros horizontes.
Se concentran en un punto, muy cercano.
Y desde él, la música se expande.






jueves, 3 de marzo de 2016

Y el frío es desterrado

¿Dónde comienza mi boca y termina tu ser?
Artífices.
De esta primavera que nace.
Del hálito y el espíritu que la mueven.
Punto exacto de todos y cada uno de los elementos.
Este hambre de vida.
Dame tu fuego.
Sacia esta sed.
Hierve mi calma.
Tornarse en mundos jamás soñados.
Componer la esencia de la entera ternura.
Desde inexistentes estructuras cambiantes.
Dinamitadas por el éxtasis.
Hechos. Aire y Agua.
El fuego orógeno moldea la tierra.
Con la dulce ambrosía que de dentro emana.


miércoles, 2 de marzo de 2016

Uca

Se nos enseñó que para conseguir la excelencia hay que esforzarse. Mucho.

Con frecuencia, se olvida que el refinamiento es también fruto del divertimento.





martes, 1 de marzo de 2016

Entre silencios

Un suave murmullo.
Difusos soplos de nubes,
atrapan la gravedad del instante.
Silencio.
Su cobijo es la nacarada penumbra.
Sus delicados matices se despliegan. Mansamente.
Sus pequeñas manos recorren mi rostro, sonrojado por la fiebre.
Sus besos en la frente, me curan.
Silencio.
Se crece con más silencios.
No hay preguntas.
No hay puertas cerradas.
El camino es a campo abierto.
Instantes.
Sólo existe el dulce calor que une nuestros pechos.
Él conoce mejor mi interior mejor que yo misma.
Disfrutamos juntos. Estudiando, leyendo. De vez en cuando diseccionando los conceptos.
Silencio.
Mi cuerpo se llena de la voz de su presencia.
Más veloz que la luz del viento, aprende el mundo.
Ese que no existe hasta que no lo crea el conocimiento.
Su cabeza en mi pecho.
Olor a mi hijo.
A animalillo del bosque. A vida.
Mis labios entre su pelo.
Perfecto silencio.