No ha de notarse.
Se trata de ser. Un poquito mejor.
Pararse, a ratos, en el macadam inexistente que construye el suelo.
Apreciar todos esos detalles en los que se producen los aconteceres.
Conocer, así. Cambiar.
Mirar cara a cara. Los surcos que araron una superficie imaginaria que dejó de ser elástica. Que se desdibuja. A veces, con ese fondo de un penar que se quedó formando parte del sino.
Se difumina con la luz de una sonrisa que da continuidad.
Es la vida. Es extremada. Es un transitar. Es la que contiene los conceptos. Es la que los vacía de contenido.
De un estado a otro estado.
Es una batalla continua.
No hay frente. Ni espalda.
No se gana.
No se pierde.
La lucha es el objetivo.
Es el recorrido por una materia trascendente.
Es un pulsar de realidad que se convierte en estrella.
Con su horizonte. Y su bóveda aérea.
jueves, 3 de diciembre de 2015
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Agua y sal
Ojalá que las lágrimas sean siempre de emoción.
Que sean tan sólo un interrogante, en un niño.
El anuncio de un abrazo, en un anciano que duda.
Ojalá que se disparen en tropel, cuando vengan con la risa.
Que sean un amplio sentimiento, que se expande.
No tienen cabida en un cuerpo desprovisto de su armazón de dureza.
Se desliza, suavemente, por el alma la más sutil de la belleza.
Es ese el misterio donde se generan.
Despacito, discurren, hasta depositarse en palabras que cubren más palabras.
Descubrir mi naturaleza de torrente, que salta que no espera.
De río en río.
Hasta llegar a tu mar.
De verde y de oro.
Tú, mi siempre compañía.
Mi ayuda.
Mi calma.
Que sean tan sólo un interrogante, en un niño.
El anuncio de un abrazo, en un anciano que duda.
Ojalá que se disparen en tropel, cuando vengan con la risa.
Que sean un amplio sentimiento, que se expande.
No tienen cabida en un cuerpo desprovisto de su armazón de dureza.
Se desliza, suavemente, por el alma la más sutil de la belleza.
Es ese el misterio donde se generan.
Despacito, discurren, hasta depositarse en palabras que cubren más palabras.
Descubrir mi naturaleza de torrente, que salta que no espera.
De río en río.
Hasta llegar a tu mar.
De verde y de oro.
Tú, mi siempre compañía.
Mi ayuda.
Mi calma.
Pasado
Cuando volví, ya no estabas.
Fue una terca insistencia loca.
Cuando volví a mi,
supe que no estarías nunca más.
Ni tan siquiera en la sombra de un recuerdo.
martes, 1 de diciembre de 2015
Pan recién hecho.
Por las mañanas, a veces, me gusta meter la nariz entre su nuca y las sábanas, justo donde nace el pelo. Ahí, huele siempre a pan recién hecho.
Marcos, es un ser extraordinario. Su sensibilidad es fuera de lo común.
Para cualquier cosa que sea de su interés, pero sobretodo para las personas.
En cuanto detecta la más mínima fisura en mi compostura, se preocupa mucho y quiere siempre ayudarme. Cómo si no lo hiciese, a cada instante.
Anoche, decía que el hombre es grande y es pequeño a la vez. Es grande si se le compara con las células y pequeño respecto del universo. Pero que en realidad no es muy diferente de una hormiga, que es, a su vez grande y pequeña como el hombre.
Él es, en cierta manera, un pequeño gran filósofo.
Adora las matemáticas. Y hay momentos en que se puede tirar horas y horas haciendo operaciones y agrupaciones que él solo entiende.
Le regalas un libro o cuadernillo de matemáticas y da saltos de alegría. Ver para creer.
En sus grandes ojos habita toda la fuerza y la alegría del mundo.
Es mi compañerito en esta vida.
Recuerdo que la primera palabra que aprendió a decir fue "no". Ni papá, ni mamá, ni agua, como suele ser usual. Era una sucesión de noes rotundos. Que irónica es esta vida: justo la palabra que me ha costado a mi aprender a decir tanto.
No me gusta, demasiado, utilizar adjetivos para con las personas.
E intento evitarlos.
Podría hablar una vida de cada fracción de la suya y es seguro que no le haría justicia.
Espero que se mantenga siempre como la inagotable fuente original que es.
Hace unos años pidieron en su colegio que definiésemos a nuestros hijos con algunas breves palabras. En aquella ocasión, escribí que Marcos es la alegría de vivir.
Ahora, quizás diría, que es un pacífico guerrero, si eso es posible.
Marcos, es un ser extraordinario. Su sensibilidad es fuera de lo común.
Para cualquier cosa que sea de su interés, pero sobretodo para las personas.
En cuanto detecta la más mínima fisura en mi compostura, se preocupa mucho y quiere siempre ayudarme. Cómo si no lo hiciese, a cada instante.
Anoche, decía que el hombre es grande y es pequeño a la vez. Es grande si se le compara con las células y pequeño respecto del universo. Pero que en realidad no es muy diferente de una hormiga, que es, a su vez grande y pequeña como el hombre.
Él es, en cierta manera, un pequeño gran filósofo.
Adora las matemáticas. Y hay momentos en que se puede tirar horas y horas haciendo operaciones y agrupaciones que él solo entiende.
Le regalas un libro o cuadernillo de matemáticas y da saltos de alegría. Ver para creer.
En sus grandes ojos habita toda la fuerza y la alegría del mundo.
Es mi compañerito en esta vida.
Recuerdo que la primera palabra que aprendió a decir fue "no". Ni papá, ni mamá, ni agua, como suele ser usual. Era una sucesión de noes rotundos. Que irónica es esta vida: justo la palabra que me ha costado a mi aprender a decir tanto.
No me gusta, demasiado, utilizar adjetivos para con las personas.
E intento evitarlos.
Podría hablar una vida de cada fracción de la suya y es seguro que no le haría justicia.
Espero que se mantenga siempre como la inagotable fuente original que es.
Hace unos años pidieron en su colegio que definiésemos a nuestros hijos con algunas breves palabras. En aquella ocasión, escribí que Marcos es la alegría de vivir.
Ahora, quizás diría, que es un pacífico guerrero, si eso es posible.
Espacio real
Un cuidado lugar de encuentro donde se comienza.
Apareces.
Con tu sola presencia lo modificas todo.
Los contornos y las aristas, se volatilizan.
Se crea una atmósfera evanescente.
Es como si molécula a molécula me fuese depositando en ti.
El resto se hace imperceptible.
Inexistente.
Apareces.
Con tu sola presencia lo modificas todo.
Los contornos y las aristas, se volatilizan.
Se crea una atmósfera evanescente.
Es como si molécula a molécula me fuese depositando en ti.
El resto se hace imperceptible.
Inexistente.
Anónimos
Constructores invisibles.
Desde el bien.
Desde la adversidad.
Desde la realidad inconsistente y oscilante.
Hacia lo inconmensurable.
Desde el bien.
Desde la adversidad.
Desde la realidad inconsistente y oscilante.
Hacia lo inconmensurable.
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