sábado, 21 de septiembre de 2024
Es por mi
Ficciones
Preso de mis miedos he dirigido siempre mi mirada hacia otros lugares donde reinaba la comodidad y cierto lujo muy de mi agrado.
Yo que te he encontrado y perdido tantas veces...
Yo que te he dejado marchar sin pestañear siquiera.
Tú mejor que nadie en este mundo has sabido poner voces a mis múltiples y forzados silencios. Yo no he sabido llenar el tuyo más que con demasiado ruido mezclado con la verdadera música.
Aun hoy me cuesta encontrar palabras para ti que no hayan sido dichas por otros, leídas y almacenadas en mi memoria como un precioso tesoro.
Aun hoy me cuesta mucho encontrar las palabras para dirigirme a ti, amor.
Soy demasiado mayor para permitirme ninguna debilidad, de ahí mis numerosos desaires y rechazos a tus pequeños ofrecimientos mundanos. Quiero dejar bien claro que mis intereses y los tuyos divergen por completo. No entenderé jamás el porqué de tanta insistencia por tu parte. Me agobiabas al endilgarme tus mensajes sin ton ni son, las canciones que descubrías y tus pinturas infantiles.
¿Qué sentido tiene recordarte que mi vida discurre por otros cauces que nunca coincidirán con el tuyo?
Sencillamente porque no quiero, no porque no te quiera.
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Subyaces como una vaga impresión de algo que estuvo perennemente presente y que se ha ido retirando poco a poco, con delicadeza, como hace el arqueólogo con la matriz de los estratos que envuelven un fósil.
Una vez descubierto, soy capaz de contemplar toda tu belleza pero no me salta el corazón primero, ni me abrasa el fuego las mejillas y me da pena que se quede en estado neutro lo que antes me hacía sentir viva, plenamente viva.
Hace tiempo entendí que tendría que suceder esto, pero no me veía capaz de llegar. Convencida como estoy que merezco algo más que la nada, hasta encontrarme contigo en mis sueños ha perdido la emoción y el placer.
Lo que no sabía hace 9 años es que fueran tantas las cosas y las personas de las que iba a separarme.
Pero en todo este proceso mi personalidad se ha ido diluyendo y destruyendo a partes iguales y ahora necesito muchas más fuerzas de las que todavía tengo para volver a construirme.
Quiero decir que avanzo en muchos terrenos, en la mayoría, más lento de lo que quisiera se manifestara.
Antes, cuando no tenía fuerzas, me gustaba fantasear con todas esas cosas que podría hacer si cambiase mi vida y estuviese a tu lado.
Ahora mi mayor fantasía es poder andar en el mundo sin este amargo titubeo que me provocan la ansiedad y los miedos.
Ahora necesito el amor de este mundo, que mana, que surge que brota, que sana, cercano y que hermana.
Me cuesta imaginar, pero sé algunas cosas que voy a hacer para levantarme de nuevo a un palmo del suelo y dejar de ir arrastrando los pies por el fango.
Yo sé que nunca voy a dejar de quererte
Yo sé que ya no te necesito
Y también sé que me es muy difícil vivir la vida sin estar enamorada de ti.
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viernes, 13 de septiembre de 2024
Vivir y soñar
Voy a soñar despierta con los pies en el suelo y, por contra, vivir en los dominios de las alturas, describiendo líneas rectas cuál experto funambulista.
Soñar con arraigo vegetal. Imaginando fotograma a fotograma con visos de ser real.
Vivir en equilibrio inestable, siempre al límite, con el corazón en vilo.
Despertar de los sueños como si volviera de un periplo hiperrealista, imaginando en ellos mundos y universos enteros sin comprender como.
¿Acaso no es la sustancia de los sueños de la misma materia que lo que llamamos realidad?
A veces pienso que lo que llamamos "yo", sólo sea un lugar de la Memoria. Esa Memoria en la que todo tiene cabida, de una complejidad exquisita.
Quiero soñar despierta bien anclada, para construir lo posible, para que esas ilusiones que proyectamos y de alguna manera nos sirven de guía, se materialicen.
Vivir siempre es en la cuerda floja, notando la tensión del alambre mientras a duras penas se avanza, con la certeza absoluta que, en cualquier momento, es posible la caída. Mientras avanzamos gravitando hacia el otro lado.
domingo, 8 de septiembre de 2024
Puede ser
Lo que pienso.
Lo que realmente es.
Lo que soy.
A veces, paralizada por la intrincada química que desarrolla la pereza, me acuerdo de ti. Pero enseguida caigo en la cuenta de que ese "ti" ya no existe, que se encuentra sedimentado en lo más hondo por estratos de tiempo y de silencio. Luego, todo ese pensamiento lleno de esos remotos recuerdos, no es nada más que el reflejo de una ilusión fallida. Y me pregunto si te seguiría pensando si hubiese vivido el devenir de tu ser, capa a capa hasta llegar al estrato del ahora.
Lo que me ocurre cuando estoy demasiado desidiosa es que siento un silencio como hueco, no es vacío, es una carencia que no duele. Llevo tanto tiempo encima, tiempo que no es medido tomándote a ti como referente (porque no es posible tener como referente algo que ya no es), que me cuesta reconocerme y aceptar que ya tengo muchos años. El final (aunque nos ronde en realidad todo el rato) se siente más cercano. Todo ese fuego que fui, se ha ido consumiendo estoicamente hasta convertirse en una pequeña y pacífica llama, que es mi aliento vital.
Ya no quiero nada de ti. De ese ti ficticio para el que mi mente creó un pequeño universo de palabras.
Ya no se puede volver. En realidad nunca se pudo volver.
Sólo puedo ser.
domingo, 1 de septiembre de 2024
El oro de mi tiempo se fue con él.
Aunque flores raras sigan eclosionando a su paso.Ese tiempo era tan hermoso en mi pensamiento que parecía que nunca se iba a acabar. Porque en ese tiempo dorado, que una vez existió, cada uno de mis latidos reflejaba el eco de su nombre.
La vida desde el prisma de ese amor, era liviana como el dulce aleteo de un colibrí.
Y creció la distancia que sepultaba con indiferencia al sentimiento. Y yo no quería soltar, aferrándome a mi loco deseo.
Ya no volverá ese tiempo florido. Y en mi mente se marchitan uno a uno los recuerdos y se va erosionando el deseo.
Pero hay pequeñas reminiscencias de su ser que habitan siempre en mi alma.
Ya sólo es posible el silencio, que sepultó su presencia, en el fondo de un mar brumoso color esmeralda.
lunes, 26 de agosto de 2024
A orillas
Hoy el tiempo se aprecia lento, como la antesala del fenómeno que está destinado a no suceder, a no ser.
Éste es pensado, a veces bajo mil puntos de vista, pero no ocurre, nunca pasa nada de lo imaginado.
No sucede, ni con derroche, ni en la más sucinta expresión.
Miraba al pasado, buscaba el futuro y lapidaba, en esa vaga tarea, el presente.
Hasta que al ser consciente de la pérdida de tiempo y de energía, volvía al ahora.
Entonces, cobraban vida las voces, el tumulto, las manías repetidas hasta la saciedad como un mantra.
El cuadro del sagrado corazón que te envolvía con su amorosa mirada y promesa de paz eterna.
Todo mezclado. El rechinar de dientes con los cantos, las sempiternas cabezadas con la locura. Y ella me mira y asiente. Ahora si te reconozco, parece decir.
O a lo mejor su asentimiento, es sólo una proyección de mis deseos.
Las manos siempre entrelazadas, como el vínculo más fuerte y más noble.
El sutil latido de la carne. La belleza de la verdad. Surcada y profunda, como los campos arados, como si el tiempo se empeñara en dibujar complicadas geometrías en la piel. Allí donde antes hubo luz, lozanía y esplendor.
Sonrisas desdentadas.
Cae la tarde y se nota que acortaron los días.
En un rato me voy.
Quizás a pasear por las orillas del otoño.
jueves, 18 de julio de 2024
Palabras color nude
Los miedosos, no es que tengamos miedo a todo: tenemos miedo a muchas cosas, sí. Para todas esas cosas, más o menos incontrolables a las que tenemos miedo, somos unos cagaos, sí. Pero luego hay situaciones de la vida complicadas a las que les echamos muchos arrojos. Y luego, alguna que otra vez somos temerarios.
Yo necesitaba una salida y un camino que me alejasen de una vida que no quería. Se moría todo, me moría y en lo único que pensaba para continuar era en la remota posibilidad de que mi nueva apertura pudiese depararme él como destino. Y ahora que han pasado tantos años, ya sin pasión, sin pena ni gloria, sólo tengo recuerdos desleídos, como esas fotografías que han perdido su color con su continuada exposición a los rayos de sol. Hace mil vidas que se esfumaron las cosquillas y los sueños robados al sueño y anhelos más profundos. Y lo que más me pesa es no acostumbrarme a vivir sin estar enamorada.
Yo estuve allí. Cuando menos lo esperaba. En el centro de la tormenta. Sólo que ya no siento nada, sólo quedan palabras que, a veces me desnudan y también tienen el poder de aligerar la carga.




