La música brota.
De tu mente a las manos. Ágiles magas.
Por instantes, todo florece.
La vida se esparce. Sin medida.
En un acto irrepetible y continuo.
Los sentidos se deleitan.
El cuerpo se alegra.
Y el espíritu descansa. Inmerso en la paz de la belleza serena.
lunes, 29 de febrero de 2016
domingo, 28 de febrero de 2016
Rinascimento
Siento la emoción de lo nuevo
Vibrando en la piel
Cuando en mi se derraman
Los colores del cielo.
Por mi eje asciende
La savia, la vida.
Despliego mi encanto
Sobre el horizonte.
Soy sólo un recuerdo
De la estrella azul
Que guía tu alma.
Lo real
De las luces más sutiles está hecha la estructura que compone la materia.
Son pinceladas en los ojos, cuando atienden lo que miran.
Y se encienden en la mente.
Es entonces cuando se siente la infinita grandeza del geómetra divino.
Se siente la gratitud, por tener el privilegio de ser partícipe de tanta sutileza y belleza.
Está en todas partes.
Entornando un poco los ojos, cerrándolos. Está su presencia.
Es el descanso.
La vida.
La alegría.
Es lo que somos.
A raros ratos
A raros ratos,
Las cosas se desvelan.
En la noche más obscura,
Se enciende la sonrisa
De la alta luna.
El titilante brillo de las estrellas
es sólo un reflejo
De tu forma de mirar.
Al escapar veloz
Por la almena del castillo
Con mucho de feliz
Y un poco apresurado.
Impregnado del aroma,
De tu cuerpo enamorado.
Galopando, grito
Al camino de las dunas de tu vientre.
Con sus blancos dedos aéreos
El alba me acuna
En mi solitario lecho.
Tenso las cuerdas
Del laúd dorado
Canto al universo
Recién peinado.
Nace de los besos
Brota de los labios.
Blancas y rosadas nieves,
Anteceden primaveras.
Son la savia de la vida
Que va despertando el cuerpo.
La conciencia del ciprés,
caminando muy despacio.
Se dirige hacia lo eterno.
Sobre el cielo se eleva.
____________________
Me regalas canciones
Y se convierten en flores
De mis dulces pensamientos.
Impregnada de tu esencia,
Del calor de tu regazo,
Sobre el arco de mis pies,
Todo se torna liviano.
Mi corazón se alborota
Al latir de lo que siento.
Son tus ojos la llama,
De la luz de mi candela
Y conducen esta vela,
Que va surcando la mar.
Las cosas se desvelan.
En la noche más obscura,
Se enciende la sonrisa
De la alta luna.
El titilante brillo de las estrellas
es sólo un reflejo
De tu forma de mirar.
Al escapar veloz
Por la almena del castillo
Con mucho de feliz
Y un poco apresurado.
Impregnado del aroma,
De tu cuerpo enamorado.
Galopando, grito
Al camino de las dunas de tu vientre.
Con sus blancos dedos aéreos
El alba me acuna
En mi solitario lecho.
Tenso las cuerdas
Del laúd dorado
Canto al universo
Recién peinado.
Nace de los besos
Brota de los labios.
Blancas y rosadas nieves,
Anteceden primaveras.
Son la savia de la vida
Que va despertando el cuerpo.
La conciencia del ciprés,
caminando muy despacio.
Se dirige hacia lo eterno.
Sobre el cielo se eleva.
____________________
Me regalas canciones
Y se convierten en flores
De mis dulces pensamientos.
Impregnada de tu esencia,
Del calor de tu regazo,
Sobre el arco de mis pies,
Todo se torna liviano.
Mi corazón se alborota
Al latir de lo que siento.
Son tus ojos la llama,
De la luz de mi candela
Y conducen esta vela,
Que va surcando la mar.
sábado, 27 de febrero de 2016
Rainbow
El arquero infatigable perfecciona los instrumentos de su arte.
Adapta su arco a su musculatura cambiante. A las estructuras de nuevas flechas, precisas para dejar al descubierto nuevos objetivos.
El arquero comienza a buscar. Comienza a hacerlo con los arcaicos mecanismos del pensamiento.
Es un avance arbóreo. Se aleja de lo concreto e intuye lo importante.
Entonces, encuentra. Se encuentra a si mismo.
El arquero es incansable.
Anhela un perfectísimo arco. Arco etérico que lo conduce, presto, al cielo.
En ese último instante, ese que ocupa el lugar de cualquier instante, se ancla a la tierra con todas las fuerzas de las que es capaz, hasta derramar el último aliento, para impulsarse más allá del cielo.
Sólo entonces, es música. Vibra con la armonía de acústicas ondas. Siente el abrazo de miliares de partículas de oro.
Es con la luz. La esencia.
Adapta su arco a su musculatura cambiante. A las estructuras de nuevas flechas, precisas para dejar al descubierto nuevos objetivos.
El arquero comienza a buscar. Comienza a hacerlo con los arcaicos mecanismos del pensamiento.
Es un avance arbóreo. Se aleja de lo concreto e intuye lo importante.
Entonces, encuentra. Se encuentra a si mismo.
El arquero es incansable.
Anhela un perfectísimo arco. Arco etérico que lo conduce, presto, al cielo.
En ese último instante, ese que ocupa el lugar de cualquier instante, se ancla a la tierra con todas las fuerzas de las que es capaz, hasta derramar el último aliento, para impulsarse más allá del cielo.
Sólo entonces, es música. Vibra con la armonía de acústicas ondas. Siente el abrazo de miliares de partículas de oro.
Es con la luz. La esencia.
viernes, 26 de febrero de 2016
Dos puntos
La contradicción desaparece cuando consigues no aferrarte a nada.
Ser supone contar tu propia historia como la realidad definitoria de los conceptos.
De paso, en los cruces de caminos, crear otros nuevos conceptos, para celebrar los sutiles matices de la metamorfosis de la vida.
Engrandecer la ingravidez del amor.
Ser.
Dos.
Los hoyuelos del rostro que provocan tu sonrisa.
Ser supone contar tu propia historia como la realidad definitoria de los conceptos.
De paso, en los cruces de caminos, crear otros nuevos conceptos, para celebrar los sutiles matices de la metamorfosis de la vida.
Engrandecer la ingravidez del amor.
Ser.
Dos.
Los hoyuelos del rostro que provocan tu sonrisa.
Con gotas de luz, se alumbra la noche
La lluvia cae
Esparce sus gotas
Chispitas de luz
Del tapiz sereno
Terciopelo obscuro
De la noche etérea.
La lluvia cae
Es vuelo de estrellas.
Te siento tan pleno
En mi aquietada alma.
Soy el fugaz reposo
Del venturoso vuelo
Orlado de besos
Susurros de viento.
La lluvia cae
La noche es serena
Mi alma es de agua
De lluvia de estrellas
Mi alma viajera
Contigo se aleja.
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