domingo, 8 de septiembre de 2024

Puede ser

Lo que pienso. 

Lo que realmente es.

Lo que soy.


A veces, paralizada por la intrincada química que desarrolla la pereza, me acuerdo de ti. Pero enseguida caigo en la cuenta de que ese "ti" ya no existe, que se encuentra sedimentado en lo más hondo por estratos de tiempo y de silencio. Luego, todo ese pensamiento lleno de esos remotos recuerdos, no es nada más que el reflejo de una ilusión fallida. Y me pregunto si te seguiría pensando si hubiese vivido el devenir de tu ser, capa a capa hasta llegar al estrato del ahora.

Lo que me ocurre cuando estoy demasiado desidiosa es que siento un silencio como hueco, no es vacío, es una carencia que no duele. Llevo tanto tiempo encima, tiempo que no es medido tomándote a ti como referente (porque no es posible tener como referente algo que ya no es), que me cuesta reconocerme y aceptar que ya tengo muchos años. El final (aunque nos ronde en realidad todo el rato) se siente más cercano. Todo ese fuego que fui, se ha ido consumiendo estoicamente hasta convertirse en una pequeña y pacífica llama, que es mi aliento vital.

Ya no quiero nada de ti. De ese ti ficticio para el que mi mente creó un pequeño universo de palabras.

Ya no se puede volver. En realidad nunca se pudo volver.

Sólo puedo ser. 










domingo, 1 de septiembre de 2024

El oro de mi tiempo se fue con él.

Aunque flores raras sigan eclosionando a su paso.

Ese tiempo era tan hermoso en mi pensamiento que parecía que nunca se iba a acabar. Porque en ese tiempo dorado, que una vez existió, cada uno de mis latidos reflejaba el eco de su nombre.

La vida desde el  prisma de ese amor,  era liviana como el dulce aleteo de un colibrí.

Y creció la distancia que sepultaba con indiferencia al sentimiento. Y yo no quería soltar, aferrándome a mi loco deseo.

Ya no volverá ese tiempo florido. Y en mi mente  se marchitan uno a uno los recuerdos y se va erosionando el deseo.
Pero hay pequeñas reminiscencias de su ser que habitan siempre en mi alma.

Ya sólo es posible el silencio, que sepultó su presencia, en el fondo de un mar brumoso  color esmeralda.





lunes, 26 de agosto de 2024

A orillas

Hoy el tiempo se aprecia lento, como la antesala del fenómeno que está destinado a no suceder, a no ser.


Éste es pensado, a veces bajo mil puntos de vista, pero no ocurre, nunca pasa nada de lo imaginado.

No sucede, ni con derroche, ni en la más sucinta expresión.

Miraba al pasado, buscaba el futuro y lapidaba, en esa vaga tarea, el presente.

Hasta que al ser consciente de la pérdida de tiempo y de energía, volvía al ahora.

Entonces, cobraban vida las voces, el tumulto, las manías repetidas hasta la saciedad como un mantra.

El cuadro del sagrado corazón que te envolvía con su amorosa mirada y promesa de paz eterna.

Todo mezclado. El rechinar de dientes con los cantos,  las sempiternas cabezadas con la locura. Y ella me mira y asiente. Ahora si te reconozco, parece decir.

O a lo mejor su asentimiento, es sólo una proyección de mis deseos.

Las manos siempre entrelazadas, como el vínculo más fuerte y más noble.
El sutil latido de la carne. La belleza de la verdad. Surcada y profunda, como los campos arados, como si el tiempo se empeñara en dibujar complicadas geometrías en la piel. Allí donde antes hubo luz, lozanía y esplendor.

Sonrisas desdentadas.

Cae la tarde y se nota que acortaron los días.

En un rato me voy. 

Quizás a pasear por las orillas del otoño.



jueves, 18 de julio de 2024

Palabras color nude

 Los miedosos, no es que tengamos miedo a todo: tenemos miedo a muchas cosas, sí. Para todas esas cosas, más o menos incontrolables a las que tenemos miedo, somos unos cagaos, sí. Pero luego hay situaciones de la vida complicadas a las que les echamos muchos arrojos. Y luego, alguna que otra vez somos temerarios.

Yo necesitaba una salida y un camino que me alejasen de una vida que no quería. Se moría todo, me moría y en lo único que pensaba para continuar era en la remota posibilidad de que mi nueva apertura pudiese depararme él como destino. Y ahora que han pasado tantos años, ya sin pasión, sin pena ni gloria, sólo tengo recuerdos desleídos, como esas fotografías que han perdido su color con su continuada exposición a los rayos de sol. Hace mil vidas que se esfumaron las cosquillas y  los sueños robados al sueño y anhelos más profundos. Y lo que más me pesa es no acostumbrarme a vivir sin estar enamorada. 

Yo estuve allí. Cuando menos lo esperaba. En el centro de la tormenta. Sólo que ya no siento nada, sólo quedan palabras que, a veces me desnudan y también tienen el poder de  aligerar la carga. 






jueves, 11 de julio de 2024

El inconsciente también suelta

Tú que fuiste ruido en una maraña de silencio.

Fuiste esa herida que no pudo sanar sin desangrarme, por donde poquito a poco se me iba la vida. Así entendí que jamás iba a volver a encontrarte. 

Poco a poco me  he ido sosteniendo sólo con lo que realmente tengo, no con tu extraviada presencia. Dejé de alimentarme de quimeras, aunque mis ojos han perdido su chispa sagrada. Y mi voz antigua se diluyó en el mar de la nada.

Sueño que te veo entre la multitud y que no encuentro el camino que conduce hacía donde tú estás.

El caso es que yo quería fervientemente no pensarte, arrancarte de mi alma hecha pedazos, dejar de sufrir.

No sé exactamente como lo logré. Incluso ya te esfumas en mi subconsciente. 

Tú que no me ofreciste tu ayuda cuando me encontré al borde del abismo. 

Tú que llenabas de ruido el interior de mi mente enferma.

¿Cómo es posible que no me hubiera dado cuenta antes de ahora que tú eras el abismo?

Caí. Morí. Resucité.

Renuncié a (casi) todo por nada.

Nada tuve.

Nada espero. 

Vivo en el trapecio, suspendida entre tensados cables y nubes. En un peculiar equilibrio inestable.

Paso de una posición de equilibrio a otra, diferenciada de la anterior por pequeños matices.

Lo más parecido a la felicidad que encuentro, es estar tranquila, estar en paz. Quizás eso sea la verdadera felicidad: estar en paz. En una paz de vivos. La paz eterna ya vendrá cuando dios quiera.

¿A cuenta de qué vengo aquí de nuevo a partir de un yelmo recuerdo?

Probablemente a cuenta de contarme que de la muerte también se sale. Yo sé bien que hay vida después de esta vida. No es mejor ni peor, es diferente, como cada paso que damos sin entender que todos los caminos nos llevan al otro lado del espejo. Y eso, es lo único que nos iguala, junto con el nacer.

Me gusta pasearme por estos lares, llevo haciéndolo mucho tiempo.

Me gusta soltar pensamientos que no me conduzcan a ningún sitio cierto y seguro.

No es que ya no quiera. es que necesito soñar con los pies en el suelo y vivir en el trapecio, pero siempre anclada entre dos puntos, aunque sea un equilibrio inestable, como la vida misma.










 

 

lunes, 24 de junio de 2024

Crecer

 Siempre crecer, sin mirar atrás, aún a riesgo de caer al abismo.

Casi todo por descubrir y , sin embargo, atrapada por mucho tiempo en la inercia de hacer lo mismo. Muchas veces, pastando conformismo cual manso rumiante.

Pero algo se prende en mi espíritu dormido. Y empieza a tirar de mi. Y me tensa y eleva.

Siempre crecer, como única elección. Elegir la vida, incendiar el espanto.
Pedañito a peldaño, confiando en los pies y en las manos que aún nos guían hacia caminos extraños.

Nunca dar nada por hecho. Nunca dar nada por acabado.



Otra vida

A veces, me siento atrapada por una rutina contra la que  mi imaginación no puede competir.

¿Acaso no estaré desaprovechando la ocasión de nuevo? ¿Cómo se puede llamar libertad a algo que se siente como cadenas que me aprietan y me ahogan?

No he sabido llenar este tiempo de potencial puro más que con una sucesión de nuevas inercias. Podrán ser inercias más o menos cómodas, pero es que no me bastan, necesito sentir de nuevo la pasión incendiándome el alma.

Cuando estaba saliendo de mi última crisis, sentía que había perdido el tiempo hundida en la prosa vil.

Ahora lo que me pasa es que empiezo a no reconocerme en nada: ni físicamente, ni en lo que hago, es como si se hubiese destruido mi fuerte personalidad con la crisis y me hubiese dejado pastando conformismo cual manso rumiante.

A veces siento los malos hábitos dinamitando todo lo que soy.  Me veo repitiendo hasta la naúsea cosas y situaciones que se bien que no funcionan. Y lo peor es que lo sé y no hago nada para evitarlo.

Hace mucho, le decía a una niña a la que ayudaba con las matemáticas: poco a poco construiremos un castillo. Ese infame plural con el que nunca construí nada.

Desde  luego que perdí el tiempo hundida en la prosa. Pero tampoco he sabido fundirme en unos maravillosos versos. Y tampoco creo que sea necesario.

Sin darme cuenta había decidido, para poder soportar el dolor de mis diversas heridas, renunciar a sentir y así me quedé reducida a la más mínima expresión. Y así he ido funcionando por un tiempo que ya se me antoja demasiado largo.

Ahora me pesa la renuncia absurda a los pequeños y grandes placeres de la vida. Porque es innecesario renunciar. Porque más allá del perdón y de los sentimientos de culpa, también hay vida.

Quiero no reconocerme en lo que soy ahora. No voy a volver a caer. Lo acepto y es el punto de partida de mi progresivo cambio. 

He estado aterida de miedos y llena de destructiva ansiedad demasiado tiempo. Creí que nunca iba a volver a ser yo. El hecho es que nunca me fuí del todo. Y que ya no quiero está vida. Entonces no me queda más remedio que inventarme otra. 

Allá voy.