sábado, 3 de octubre de 2020

La vida se pasa

 La vida se pasa y ya no vuelve.

Los ojos se cierran para siempre, más la luz sigue acariciando los otros cuerpos y las miradas, quizás ignorantes de la dicha de ser.

La vida se pasa y no espera.

Y los pies cesan de hollar los caminos del mundo, testigos mudos de un tropel de fechorías.

La vida se pasa y ya no hay más lágrimas.

Mientras el mundo sigue consumiéndose en un infierno de estulticia. Pero se buscan otros lugares para poder descansar en su belleza.

La vida se pasa y ya no vuelves.

Aunque estarás en mi en cada amanecer. Y te buscaré siempre en cada aurora de rosados dedos.

La vida se pasa y, poco a poco, en ella me disuelvo.

Como lágrimas en la lluvia, de un suave lluvia que no cesa.

La vida se pasa y no hay olvido.

Y sin olvido no hay lugar que no ocupes de mi memoria, cada vez que unas letras deciden juntarse y deslizarse a través de mis manos.






 

Hay cosas que no tienen remedio

 Y cuando ya no lo esperaba, en menos de una centésima de segundo, volví a caer. 

Y por vez primera, todavía  sintiendo el punzante dolor de mi error, pude perdonarme. 

Y entonces, supe que en esta vida hay pecados para los que existe perdón, pero no hay nada para la herida que se forma, carece de cura.

Y entendí que ahí, al lado de lo que sostiene, se encuentra agazapada y siempre al acecho la locura.



Sin más espera

 He perdido la esperanza de encontrarte. Justo ahora que conseguí emerger de lo más hondo de las aguas del silencio.

No volveré a anclarme a un punto indeterminado del pasado como promesa de dicha. Ya no me da miedo desenvolver el hermoso regalo de la vida.

Yo miraba hacia tu ventana y ,en todo este tiempo de ausencia, sólo encontré arquitrabados muros de oscuridad. Estuve siempre fuera de tu muro, aunque mi corazón fantaseaba con tenerte sentia la angustia de saber que nunca más volvería a verte. Y me parecía, que sin ti la vida, sería un lugar insulso. Sin entender, como ahora entiendo, que sólo debo querer el magnífico vuelo de tus alas planeando en el infinito.

Pensaba que tú eras el camino y sin encontrar los pasos adecuados para seguirle, yo me entretenía en los aledaños, visitando uno detrás de otro, bosques de tristeza.

Ya no será la fronda el lugar donde te encuentre mi memoria. Siempre serás el fulgor del agua del mar afilando tus pupilas.

Y te sigo soñando, pero ya no me auto-despierto para sentir la felicidad de estar junto a ti también al otro lado, sino que mi mente se adentra en el sueño para que desde el propio sueño me advierta a mi misma que no es la realidad, que es un sueño más para entretener mi ser. No quiero sentirte como un privilegio, merezco ser amada y he estado apuntando ya demasiado tiempo en el sitio equivocado.

Quiero llenar mi tiempo con instantes de amor en reciprocidad o, al menos de momentos que me hagan sentir  paz. 

Ahora sé que existió la ocasión y yo la desaproveché. Era el tiempo de las flores del amor y por un instante, dos realidades que parecían imposibles de suceder, se tocaron. Y sentí miedo y huí.

Quizás todas las letras escritas desde ese día sólo sean páginas que componen el diario de una huida hacia ninguna parte.

Pero por mantente vivo en mi memoria y en mis recuerdos he terminado por encontrarme. Y, finalmente digo que no cabe más tiempo entre sus páginas. Y he vuelto a saborear la sencillez de la vida y me he dado cuenta que ya no tengo tiempo para cosas que no tienen alma.









jueves, 1 de octubre de 2020


La vida es un batallar diario en el que cada día ganado, disfrutado y sentido, significa el triunfo sobre el tiempo y el desengaño.




 Presiento, con pudor, lágrimas ahogadas en tu obligado silencio.




 A veces, yo soy también el espanto y entonces se difumina la delgada línea que me separa de la locura.




 Cuanto mayor es el vacío más grande es el laberinto que alberga.