lunes, 15 de abril de 2019

Buenos días

Y el tiempo discurre veloz, sin tregua, se escapa.
Y aquí sigo yo con este dolor seco, viviendo con ansias, sin saber perdonarme.
Encontrando algún alivio entre lo abstracto de las palabras, sabiéndome amada.
Y aquí continuo, improvisando el instante, con una chispa de orden con la  que el amor me agasaja.
Vencida ya,  no sé si algún día podré hacer honor a mi nombre.

Me pienso vencida y sin embargo tengo todo lo necesario para la felicidad, para ser yo.
Y la vida me regala la sonrisa más hermosa y yo resucito por un instante, sin entender que es algo más que sangre lo que corre por mis venas.
No soy sólo lo  malo, hay algo bueno en mi que da vida. Necesito aferrarme a ello. Necesito mi sentir acuático y mis lágrimas.

Sé que puede llenarse de amor cada uno de los instantes.

El rojo es mucho más que un color mayestático.

Vamos a crecer ese chispazo de orden, a ver que pasa.

Buenos días.






Lo que la náusea remueve

Son muy extraños los mecanismos del olvido. Olvidar (a drede) es algo así como intentar desconectar del presente vivencias del pasado. Pero esa desconexión sólo es posible en la mente. Los recuerdos que habitan en el corazón, no se pueden borrar, sólo ocultar al consciente por un tiempo determinado. Al principio y al final, la estructura sustentante del hombre son esas vivencias, con personas muy especiales para cada uno de nosotros, que quedan grabadas a fuego dentro del alma. El corazón acoge. La mente filtra y desaloja cuando es necesario para su paz. Pero hay habitantes que se ocultan y permanecen en nuestro interior para siempre formando parte de nuestra sustancia. Lo mejor es ser consciente de toda la familia que vive en nuestro corazón y aprovechar esta vida para ofrecerles el amor y el tiempo que se merecen.
Aprovechar los encuentros del presente y fomentarlos, porque las personas nos vamos a dormir, a veces, para siempre.

Estas impresiones son cosas que la náusea remueve y que las manos vomitan a raudales a falta de lágrimas para purificar un poco el alma. Para disipar este dolor seco que, a veces,  me asola y atrapa.


A qué huelen los recuerdos

Han pasado más de tres años de la separación y de repente su olor, al ordenar esta mañana impregnaba la ropa de mi hijo, me remueve todas las entrañas. El instinto en conexión directa con el corazón.  El corazón que al sentir y reconocer el olor "pega" un sobresalto, sin saber muy bien cómo ha de responder a ese estímulo.  La mente interpretando (intentándolo, al menos) todo.
Aparece la náusea en el fondo del estómago, recordando (ahora sí) que es un olor que pertenece a alguien con  quien has vivido una gran historia con final triste (de ahí la náusea).
Puede que sea cierto y lo confundamos con muchas otras cosas. Puede que el amor nunca muera y sólo cambie (radicalmente, en su caso) su manera de expresión.
Me siento muy triste por no haber sabido hacer las cosas de otra manera, mejor.
La nausea ahí continua, ahora más cerca de la garganta.
Ojalá pudiera llorar, pero hace tiempo que no puedo llorar.

Bueno, vamos a continuar la mañana, subidos en el carro, la vida continua.

jueves, 11 de abril de 2019

miércoles, 10 de abril de 2019

Elucubraciones al lado del pretil florido

Volvía con terca insistencia al pasado,
Y el pasado sólo me devolvía un ansioso silencio.
Y sentía todo el peso muerto de lo que una vez fue ingrávido y florido.

No se puede volver, en la vida no hay retorno posible a nada ni a nadie.
No se puede volver a ninguna parte, ni siquiera allí donde una vez hubiera reciprocidad y deseo de permanencia.

La eternidad es un rostro de mil caras que acontecen en simultaneidad en un solo y único instante.

Una vez conseguí tejer juntos disparates deshilachados y mantenerme en la ilusión de que, así relacionados por los azares de mi mente, tenían un cierto sentido. Sin entender que de fragmentos particulares no pueden extraerse conclusiones generales.

Dicen que las partes mantienen la esencia del todo, que añoran volver a la unidad. Yo, a estas alturas ya no tengo nada por cierto, ya no sé nada.

A veces, el pensamiento es adictivo y es el peor de los  vicios.

Me siento como una página en blanco añeja, abandonada de si misma, esperando ser usada para cumplir su función antes de quebrarse en mil pedazos por tiempo y falta de uso.

Ocurría que me olvida de mi al pensar en él.
Ocurría que todo era para mi, leyéndote.

Ahora, hoy, ya no puedo alimentarme de palabras ni de recuerdos, porque el tiempo terrenal se me agota y necesito transcender de alguna manera.

Su recuerdo fue mi olvido,
tus palabras mi rara presencia
y el silencio es energía potencial que espera ser colmada con creaciones reales.

Yo ya no soy la de hace un rato, en este continuo mutar lo único que permanece se llama conciencia.
Del amor, mejor no hablamos.