No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago.
miércoles, 23 de mayo de 2018
miércoles, 16 de mayo de 2018
sábado, 12 de mayo de 2018
Mañanitas
El tiempo se me escurre entre trigales, malvaviscos y amapolas
La serpenteante brisa peina el curso de las horas.
Enferma de este tiempo que se escapa, me despojo del reloj de los instantes vacíos
Con su infernal tic tac me aleja de los buenos sentimientos,
Ésos que peinan la grana de la espiga en movimiento.
Foto: Elisabetta Serra
La serpenteante brisa peina el curso de las horas.
Enferma de este tiempo que se escapa, me despojo del reloj de los instantes vacíos
Con su infernal tic tac me aleja de los buenos sentimientos,
Ésos que peinan la grana de la espiga en movimiento.
Foto: Elisabetta Serra
Hace mucho, quizás demasiado, que tus ojos de mar reflejan otros
cielos.
Y sin embargo, cada día te sigo añorando.
Ahora todo es muy
distinto, lo es hasta el recuerdo: ya no me permito soñarte apelando a la cordura que me queda.
Yo sé que algún día mis palabras volverán a tener alas y serán deliciosa caricia para mis actos.
Mientras tanto seguiré luchando por obviar esta densidad que se me figura tiene el aire que respiro.
Sorteo como puedo las dentelladas de la ansiedad, devorando mi tiempo. Pero sé que volveré a confiar, aunque ahora sólo sea a ratos, hasta que se restablezca la fortaleza de mi mente y luzca altiva la atalaya de mi cuerpo.
Durante un tiempo la escritura hizo mi realidad más hermosa y liviana, fluían las palabras y todo tenía continuidad de alguna manera.
Ahora pensar en escribir se ha convertido en la manera más eficaz para que no se me ocurra nada.
Mientras tanto seguiré luchando por obviar esta densidad que se me figura tiene el aire que respiro.
Sorteo como puedo las dentelladas de la ansiedad, devorando mi tiempo. Pero sé que volveré a confiar, aunque ahora sólo sea a ratos, hasta que se restablezca la fortaleza de mi mente y luzca altiva la atalaya de mi cuerpo.
Durante un tiempo la escritura hizo mi realidad más hermosa y liviana, fluían las palabras y todo tenía continuidad de alguna manera.
Ahora pensar en escribir se ha convertido en la manera más eficaz para que no se me ocurra nada.
En este instante, te siento como un eco lejano entre los estertores de la angustia.
Y yo no quiero estar aquí, así, por eso ahora mismo marcho a otro lugar donde haya paz y menos duela la vida.
Marcho pues, marcho.
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