Recupero este fragmento de un texto que escribí hace años, que es de mi agrado:
Al borde del precipicio, te das cuenta que la única constante, que enlaza todo lo que hay en la vida, es el amor. Todo lo demás, lo creas o no, no son más que datos.
Con frecuencia, las cosas llegan. No necesariamente allí donde hay deseo o deseos, sino donde hay verdadero amor.
Estoy aprendiendo a no detenerme demasiado en aquello que no resuena con mi interior.
Hoy creo en lo que siento, más que en lo que deseo.En el silencio más profundo de la noche, germinan sentimientos que la fría mente no logra mantener ocultos.
Entonces, entiendes que lo que está por venir se alimenta necesariamente de aquello que llevamos dentro. Quizás lo único que nos salve de ser y de hacer siempre lo mismo repetido en bucle, sea cambiar el enfoque de nuestra mirada.He dejado de construir ilusiones asentadas en pilares de humo.
Quizas, porque crecen mis raíces en lo más hondo del alma.Pese a todo, he sabido poner vida en todos y cada uno de los eternos silencios que nos sitian cada día.
Construir el momento con el enfoque más preciso de la mirada.Baldío empeño el de intentar expresar con palabras el profundo y vasto silencio de las ausencias.
Sentimos el gran vacío que luego de la muerte del otro queda, sin entender que lo que parece que se va, forma parte de nuestra más íntima esencia.