Devanándome los sesos entre tanto ruido, creo merecer algo más que tu constante silencio.
Daría lo que fuera por leer unas líneas procedentes de tus manos. Me volvería, una vez más, loca de amor si las palabras procedieran de tus labios. Dichas así, como en un pequeño susurro, cruzando con mil puentes dorados los abismos.
Creo que sabes esto y por eso tu eterno silencio es mi condena.
Me gustaría que supieras que una sola palabra tuya bastaría para sanarme del olvido.
¿Qué he de hacer si mi obsesión se construye con las letras de tu nombre?
Y me parece que el tiempo se hacía oro embriagado con el encanto de tu risa.
Y pensar que, en mis ansias de futuro, todavía apareces en mis sueños.
Se bien que para ti soy cero y ,sin embargo, no sé porqué, no puedo evitar proyectarte al infinito.
El tiempo no me sirvió para curarme de tu olvido, sólo me hace poco a poco el ahora algo más soportable.
Si pudiese pedirte algo, te pediría que escribas donde yo pueda leerte, me haría mucho bien.
Espero que este deseo se cumpla. Que no hay olvido, sólo hay cosas que se guardan bien hondo.
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