Una y Cuarto
viernes, 1 de mayo de 2020
Aunque en su apogeo no lo parezca, todo dolor tiene su tiempo de descanso.
El orden de sus palabras fue el dulce tormento de mi alma.
Sus besos no eran de este mundo.
De ahí, luego, la hondura de la caída.
Orbitar dentro de un beso.
Y, poco a poco, su voz se marchitaba en los aledaños del olvido.
Todas las palabras que me fluyen, se encuentran impregnadas de tu esencia.
Ser la luz al final del túnel.
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